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Enero de 2012
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Revista Icono, publicación religiosa, mariana y popular de la congregación redentorista de España

* Los artículos destacados en negrita
están accesibles on-line.

 

1  Editorial

2  Opinión

María del Perpetuo Socorro
    A partir de Creta...
     Santa María del año nuevo
     Ante el lampadario del Icono

10 Familia
      Conflictos en familia
      Indignación, compromiso y formación

14 Palabra y vida
     Leer el Evangelio segun San Marcos

16 Para pensar
      Mi paz os dejo, mi paz os doy    
    

20 Redentoristas
      Un olivarero en el altar
      Con apenas unos dólares

24 Misioneros
      Misión "de-vida"
      La balanza
      Mi mejor Navidad         

30 Comentarios inacabados
    
          
32 Música y libros  

33 Solidaridad

34 Cine

39 Retales
      

     



Icono

Santa María del año nuevo

Por Francisco Tejerizo, CSsR

María enseña a la comunidad cristiana a vivir la confianza y la fe en Dios

Revista religiosa Icono

     Comienza un nuevo año civil y se inicia una nueva etapa de esta publicación centenaria y apreciada. Yo también intento empezar una nueva colaboración en estas páginas, que me piden dedique a la Virgen María, nuestro Perpetuo Socorro. No es la primera vez que lo hacen y no quiero resistirme de nuevo. La oferta es atractiva y arriesgada. Vamos a tratar de ponerla en marcha y comencemos por el principio; quiero decir, por el 1 de Enero. Ese es el día en que la Iglesia celebra la Maternidad de Santa María.

     Actualmente vivimos una etapa histórica, en un contexto socio-cultural, donde la maternidad resulta poco apreciada. Tanto la maternidad como la paternidad -que le está inseparablemente unida-, introducen en la vida de las personas que la viven un plus; un salto cualitativo de maduración humana y personal.

     Dicho crecimiento es más significativo cuando se vive la primera maternidad, pero también se da -si ocurren- en las siguientes maternidades. Como todo desarrollo personal, ya acompañará para siempre. Introduce en la vida de quien la experimenta una novedad tan radical, que determina el resto de la existencia: para siempre se será inevitablemente madre o padre.

     Por consiguiente, la maternidad conlleva tres importantes novedades en la vida.

     Surgen nuevos sentimientos y emociones: los propios del ser madre, que da vida y siente la responsabilidad, ternura y cuidados que reclama el hijo.

     Aparecen nuevas dificultades y dudas. Hay cosas que se desconocen de los cuidados y de la capacidad personal para afrontarlos. ¿Qué será del niño? ¿Sabremos educarlo? ¿Tendremos recursos económicos?

     Se presentan nuevas necesidades, cansancios y desgastes. Incluso el mismo cuerpo ha de recuperarse y personalmente se requieren otras compañías y ayudas. Además, por ejemplo, hay que atender al bebe durante la noche…

     Todo eso también lo vivió la Santa Madre de Dios. Por eso, me permito estas tres consideraciones:
Sobre los sentimientos de María, el Evangelio nos dice que ella los guardaba en su corazón: ¿cómo empezó a amar a Dios y a relacionarse con él, desde que le dio a luz en Belén?

     Sus dificultades se incrementaron y comenzó la preocupación por defender la vida del Hijo. Eso le acompañará hasta la cruz. Poco después del nacimiento de Jesús ya tiene que escapar a Egipto y disponerse a “defender” la vida de Dios. Esa será una nueva duda y responsabilidad: ¿cómo el Dios todopoderoso de Israel puede depender de sus cuidados?

     Las necesidades, cansancios y desgastes de María, también le seguirán hasta el Calvario. Eso le hará a preguntar a Jesús después de perderlo en el Templo con estas palabras: Hijo, ¿por qué nos has tratado así?
Toda esta novedad de la Maternidad Divina de María supone en ella:

     - Que sus sentimientos se dejen guiar por la intuición del amor de Madre. Y esa intuición, que todas las madres tienen con sus hijos, también la tiene María con Dios y en Caná de Galilea, por ejemplo, le lleva a decir a su hijo a favor de los novios: No les queda vino…

     - Las dificultades le harán redoblar su confianza en Dios, hasta llegar al pie de la Cruz y permanecer allí erguida, no derrotada. Ella sabe bien, que Dios no puede morir aunque le crucifiquen…, pero lo hace: ¿cómo entenderlo?

     - Su vida de Madre le dispone a redoblar sacrificios y esfuerzos por su hijo. Por eso puede decir: soy la esclava del Señor.

     La Maternidad Divina de María, se convierte –como proclamó el Vaticano II-, en Maternidad de la Iglesia, querida por Jesús al pie de la Cruz. Es un ahondamiento más en su vocación de madre. Desde el Calvario, la Virgen cuida de la Iglesia, con la intuición de su amor materno; enseña a la Comunidad Cristiana a vivir la confianza y la fe en Dios, a pesar de todas las dificultades; y, por último, se ofrece de modelo como humilde esclava del Señor, para que sus hijos estén dispuestos a la generosidad, que les permita hacer lo sacrificios y esfuerzos, que el Señor les pida.

     Al inicio de un nuevo año, nos acogemos, una vez más, al Perpetuo Socorro de la Virgen. Sus brazos de Madre son el mejor refugio y ofrecen la mayor confianza. Y con ella, pedimos que podamos vivir una novedad donde lo importante sean las intuiciones del amor, la confianza en Dios ante las dificultades y la disposición a realizar todos los sacrificios y esfuerzos necesarios. Probablemente 2012 nos demandará esas tres cosas.




Icono

Un olivarero en el altar

Por Benigno Colinas, CSsR

 

  ICONO

            El día 13 de Noviembre, a las 12:30 horas, comenzaba la ordenación sacerdotal de Miguel Castro, teólogo redentorista. El P. Miguel, además de redentorista, o mejor antes, fue olivarero de Fuerte del Rey, Jaén. Y es que no sólo las espigas y las uvas remiten al orden sacerdotal, también el aceite, está presente en varios sacramentos. En la vigilia de oración, que tuvimos la noche anterior, los jóvenes resaltaron que Jesucristo llamó a Miguel entre los olivos. Entre olivos rezó Jesús después de instituir la Eucaristía en la Última Cena y antes de derramar su sangre en la Cruz.

Jesucristo lo encamina a la Congregación del Santísimo Redentor

            En Granada, lugar donde Jesucristo suele encontrar personas dispuestas a seguirle, puso su mano sobre el hombro de Miguel. Pretendía seguir los pasos de Antonio Gaudí, cuya originalidad arquitectónica admira. Jesús le mandó “bajar del elefante” y seguir los pasos de S. Alfonso, que también bajó de la montaña, y ponerse en contacto con la gente humilde.

            Comprendió que las ovejas, aunque son más importantes que el pastor, necesitan ser apacentadas, y que el sacerdote está para servirlas. “Cercano y sencillo”, se puso a disposición de ellas.

            La profesión religiosa y el estudio de la teología le fortalecieron para remar mar adentro. La inquietud misionera, carisma de todo redentorista, le empujó a llevar la alegría del evangelio a niños, adolescentes, jóvenes y adultos, y desplazarse hasta Costa de Marfil y Honduras. La alegría de su ordenación ha resonado en esos corazones, que le han enviado felicitaciones “a porfía”. Esta expresión de resonancias marianas nos remite a otra dimensión de Miguel, su amor a la Virgen. ¿Bajo qué nombre? De la Cabeza, del Rosario, de un modo especial, del Perpetuo Socorro.

                            

En busca de un hombre

            Los feligreses de San Gerardo anhelaban presenciar una ordenación sacerdotal en la parroquia. Hay un colegio con más de mil alumnos perteneciente a la Congregación del Stmo. Redentor; pero ninguno de los jóvenes que en él estudian se ha sentido vocacionado a ser misionero redentorista.
Miguel, un “israelita de verdad, sin falsedad”, como dijo Jesús de Natanael, “hombre justo” como S. José, que “no se sienta en la reunión de los cínicos” pronunció los votos de la profesión perpetua en esta iglesia. “He aquí al hombre”, dijeron los feligreses. Solicitaron con insistencia que fuera ordenado de sacerdote en la parroquia. Apenas se enteraron de que su petición había sido escuchada favorablemente, una alegría comunicativa se apoderó de chicos y grandes.

            Comenzaron los preparativos con entusiasmo contagioso. Los cantores de las Eucaristías de niños, de adolescentes y de jóvenes se unieron para ensayar los cantos. Miembros de los distintos grupos se ofrecieron para colaborar: Realzar la celebración, acoger a cuantos viniesen con ese motivo y atenderlos con delicadeza.

            La parroquia tenía un Obispo, ahora Cardenal, que estaba en Roma, se pensó en él, Monseñor Antonio Cañizares. Se le propuso y aceptó con gusto y alegría. En esta parroquia ha trabajado pastoralmente durante veintidós años. Ha administrado todos los sacramentos, sólo le faltaba el del Orden Sacerdotal. Conoce a Miguel. Los adultos de hoy asistieron a la catequesis y a los campamentos que él dirigía. Por eso se le tiene un gran afecto y se le trata en “lengua vernácula”.

            Jesús dijo: “Buscad el Reino de Dios y su Justicia y todo lo demás se os dará por añadidura”. Podemos afirmar el “Reino de Dios” ya lo tenían, era Miguel, ahora faltaba la añadidura.

            La añadidura fue llegando en forma de regalos de la familia, los grupos de la parroquia y otras personas.
           

Un solo corazón, una sola lengua

            Se necesitaba una intervención especial del Espíritu Santo. Para ser sacerdote en estos tiempos no es suficiente la vocación con el entusiasmo ordinario, hay que añadirle un suplemento especial de fortaleza y optimismo.

            El Espíritu Santo pone su morada en el corazón y aprovecha la oración para descender sobre los que aman a Dios. En el templo nos juntamos formando una piña de amor a Miguel y hablando todos la misma lengua: “Ven Espíritu Divino”.

            Un olivo presidió la vigilia, el árbol que ha acompañado a Miguel desde la infancia y que es también familiar al Espíritu Santo, simbolizado en la paloma que trajo a Noé en el pico la rama de la paz. Descendió sobre la asamblea. Los padres, la hermana, los familiares, los jóvenes, los fieles, los redentoristas comenzaron a profetizar, bendecir  e implorar al Señor. Le hicimos presente las cualidades y virtudes de Miguel para ser admitido en el orden del presbiterado. También le rogamos, claro está, que sea abundante en concederle sus dones. Los va a necesitar “con la que está cayendo”.

            “Un solo corazón” que se manifestaba ahora en las palabras; ya se había ido manifestando en los hechos: El párroco, Juan Carlos Arias, ayudado por colaboradores, había preparado detalladamente el antes, el durante y la post-celebración.


                          ICONO


El aliento de Dios aleteaba sobre las aguas

            Ya antes de las 12:30 horas, hora en que comenzaba la celebración, estaba lleno el templo. El Espíritu de Jesús que camina sin pisar el suelo revoloteaba sobre la cabeza de los fieles, tampoco le quedaba espacio en el suelo para posarse.

            Componían la procesión de entrada cinco acólitos, estudiantes redentoristas, Miguel de diácono, 26 sacerdotes, entre ellos el vicario de la zona, y el P. Provincial de los redentoristas y  el párroco con el Señor Cardenal. Desde el primer momento el coro solemnizó, religiosa y artísticamente, la celebración con sus armoniosos cantos acompañados de instrumentos musicales.

            Monseñor Cañizares, en la homilía, resaltó los aspectos teológicos del sacramento. Cristo sacerdote ha de ser el modelo a seguir. Él es quien vive en el presbítero. Una exigencia esencial de la vivencia de la persona de Cristo es la santidad, meta a la cual debe tender el neo-presbítero y todos los sacerdotes.

            Durante las letanías hubo un revuelo en el cielo. Eran los santos que acudían a la llamada que se les estaba haciendo, para que protegiesen a Miguel que yacía humildemente en el suelo. Se les invitó con tanta elegancia musical y piedad que ninguno dejó de echarle su bendición.

            Las manos del Obispo y cincuenta y seis manos consagradas se fueron imponiendo de dos en dos sobre la cabeza del ordenando, era el Espíritu Santo que descendía  sobre él.

            Los padres revivieron el nacimiento de este hijo al vestirlo de nuevo con la casulla. Ellos cultivaron su fe en Dios y su amor a Jesucristo y al prójimo. Ahora lo veían entregado a la misión que habían comenzado en él. El acto emocionó a los asistentes. Se sintió al Espíritu revoloteando sobre las aguas. Las aguas eran las lágrimas que corrieron en abundancia de los ojos de mayores y pequeños, de hombres y mujeres. No eran las lágrimas de la Salve: “En este valle de lágrimas”, sino las de la creación, las de Caná de Galilea que se convirtieron en vino de alegría y de eucaristía. Muchos padres añoraron tener un hijo entregado al evangelio como Miguel.

            Sus manos volvieron a sentir la suavidad del aceite de su casa paterna, ahora cubiertas por el Sacramento, o sea, por Jesucristo. Adquirían un sentido universal y misterioso: Manos para bendecir, para servir, para sostener al Hijo de la Virgen María.

            Antes de continuar la celebración eucarística con el nuevo concelebrante, el Obispo hizo entrega de la patena con el pan que, con las palabras del sacerdote, se convertirá en el cuerpo de Cristo y el cáliz con el vino, que se convertirá en la sangre de Cristo. El sacerdote no sólo repetirá las palabras de Cristo, también repetirá su vida, entregándose a los demás, hasta dar la vida por ellos.