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Septiembre de 2010
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Revista Icono, publicación religiosa, mariana y popular de la congregación redentorista de España

* Los artículos destacados en negrita
están accesibles on-line.

 

1  Saludo editorial

2  Buenas noticias

4  Correo del lector

5  La mirilla de Icono

6  De la mano de María

     María, memoria de la fe
     Mi GPS
     La Virgen también juega

12 Iglesia en camino

     Los olivos de Getsemaní
     Las raíces cristianas de Europa
     El discipulado femenino
 

19 Tema del mes

     Experiencias africanas

24 Familia Redentorista

     Marek
     50 años de sacerdote
  

28 En directo: la Familia

    
Los derechos de los mayores
     Alicia: "Mi vida es triste"
     Con las manos de otra

34 Colaboraciones

     No estamos solos

     De los humos del abuelo

 

 

     


María, memoria de la fe
Las familias, memoria de la fe


Por J. Guelidi

parete de la familia redentorista

     En casi todos los iconos de María aparece la Madre con Jesús en sus brazos. Y la expresión de su mirada indica que Ella está en contemplación y guardando en su corazón los recuerdos, las vivencias y enseñanzas de todo lo que le iba sucediendo en torno a Jesús (Lc 2,19.51). Es algo propio de la comunidad de creyentes que vive y transmite la fe. Los creyentes no son dueños de los hechos de Jesús, sino invitados a vivirlos, y si entienden el amor y la vida que Dios ha puesto en ellos, han de transmitirlos y festejarlos en comunidad. Los iconos son caminos de esta fe en las celebraciones de la Iglesia oriental, y transmiten lo que la Iglesia cree y celebra. Esto significa ser memoria de la fe o guardar la memoria de la fe para enseñarla. Al contemplar un icono de María nos vemos envueltos en esta memoria… Su mirada es una llamada para entrar en la contemplación de los misterios de Dios.

     En el icono del Perpetuo Socorro, la Virgen de la Pasión, nos encontramos con el misterio de la muerte de Jesús. Y recordándolo, nos venimos al pie de la cruz. Allí oímos las palabras sagradas de un Jesús moribundo, pero lleno de vida divina: Mujer, ahí tienes a tu hijo; hijo, ahí tienes a tu Madre (Jn 19,26-27). Nos llama poderosamente la atención que Jesús llame a su madre mujer. También ocurrió en las bodas de Caná (Jn 3,4).

     Vamos a recordar que al principio de la Historia Santa, Eva, al pie del árbol, come del fruto que no debía tocar… y la madre de los vivientes perdió “la  vivencia amorosa”. Pero Dios prometió que la Mujer y su Linaje vencerían al mal (Gn 3,1-19). Ésta es la promesa más sorprendente, la más gozosa: el mal no triunfará; el linaje humano será quien venza al mal.

Alimento de familia

     Ahora nos vamos al Calvario y vemos a María al pie de otro árbol de donde cuelga otro fruto bien maduro, el Crucificado como signo de la victoria sobre el mal. Jesucristo es el linaje de la mujer que vence a la muerte. Y es también el fruto bendito y sabroso que tiene el aroma del amor gratuito, madurado en la entrega total. Así es Dios.

     Esta Mujer, María, al pie de la Cruz, recibe el encargo de cuidar al hijo: Mujer, ahí tienes a tu hijo significa alimenta a tu hijo, es mi discípulo, dale el fruto que ves en este Nuevo Árbol de de la Vida, que viva creciendo en la entrega, tú eres la Madre… Y al discípulo le indica dónde está la Madre del hogar de la fe, Madre de la comunidad cristiana. El discípulo amado la lleva a donde estaba la familia de Jesús: los que escuchan la Palabra de Dios y la practican (Mt 12,49-50). Nunca puede faltar el amor a María en una comunidad cristiana. Ella hace falta en medio de la familia para repartir el fruto bendito de su vientre a todos los que buscan la Vida.

     Así también, en medio de nuestro mundo, los padres, la familia es la “Nueva Mujer” que guarda en el corazón los recuerdos y la memoria de Jesús. La familia es la que da a los hijos el auténtico fruto de la vida. Jesús es el fruto que han de alcanzar la madre y el padre, los abuelos, los catequistas… para  acercarlo a los hijos. Es el fruto de amor, de fe y esperanza, de servicialidad y cooperación; la familia y los hijos han de ser alimentados con este pan espiritual de la justicia, del perdón misericordioso, al pie del árbol del Crucificado. Pero son sobre todo la madre y el padre, con su amor y sacrificio constante al pie de los hijos, los que les están proporcionando el fruto del árbol, porque los niños no llegan, son pequeños en todo. Y han de crecer observando que los padres se alimentan con ese mismo fruto santo para vivir con sentido cristiano, con acento de fidelidad y con ritmo de esfuerzo… con el amor por encima de todo.

Ejemplo y argumento

     En el icono del Perpetuo Socorro, María es la que nos da a Jesús como memoria y fruto de vida para todas las generaciones invitándonos con su mirada contemplativa a acercarnos a Jesús. La familia es la Nueva Mujer al pie de la Cruz, la humanidad atraída hacia el Crucificado (Jn 12,20-33), que sigue guardando la memoria de Jesús en el corazón.

     Cuando los hijos pregunten por qué celebráis a Jesús y por qué vamos a la Eucaristía, les responderemos que hacemos memoria y recuerdo de la liberación del pecado que Jesús nos trajo por medio de su muerte y acción de gracias por la Vida Nueva que nos brinda desde su resurrección (1Co 11,23-27). Así, los hijos se sentirán poco a poco atraídos a la Mesa del Señor. Los padres y la familia son argumento de fe para los hijos.

 

 

 

 

 

Marek

Por M. Matute, CSsR

Revita Icono, redentorista

     Así se llama. Es de Gambia. Vive con nosotros, en nuestra comunidad redentorista, desde hace unas semanas. Es uno de los que fueron desalojados del viejo cuartel en ruinas de nuestro barrio de Nazaret (Valencia). Os cuento un poco su historia.

     Llegó, como tantos otros, en una patera a Tenerife después de casi una semana de viaje por mar y algunos meses, anteriormente, por tierra desde su país. ¿Su sueño? Vivir dignamente. ¿Su objetivo? Llegar a España. Aquí lleva casi cinco años entre Barcelona y Valencia. Aún anda “sin papeles”, y lo que “te rondaré, morena”, porque con las leyes actuales de inmigración, España ya no es lo que era, ni lo que tendría que ser: un país acogedor, abierto, comprensivo con los que ahora están como nosotros estábamos hace años cuando tuvimos que emigrar a Europa para poder sobrevivir. ¡Qué pronto hemos olvidado nuestro pasado!

Desalojo

     Pero vamos con Marek. Desde hace más de un año, cuando llegó de Barcelona buscando futuro en Valencia, “malvivía” en un viejo cuartel abandonado aquí en nuestro barrio junto con otras veinte personas. Por supuesto sin agua, sin luz y en unas condiciones deplorables. Durante el día se dedicaban a buscar chatarra y a “aparcar” coches. Desde la Parroquia y la Asociación de Vecinos llevábamos tiempo apoyándolos con pequeñas ayudas de alimentos y otras cosillas.

     Estos africanos son personas muy pacíficas y muy agradecidas, con una inmensa capacidad de sufrimiento, sin perder la paz, la alegría y la esperanza en un futuro mejor. La verdad es que vienen de lugares donde hay hambre y miseria, lo que hace que “relativicen” las dificultades que encuentran aquí, que no son pocas.

     Pues un “mal día”, ante el evidente deterioro del viejo cuartel que amenazaba ruina y ante las protestas de algunos vecinos por el olor y mala imagen que daban, vino la policía y los puso en la calle, haciéndolos candidatos a engrosar el número de los que duermen en el antiguo cauce del río Turia a su paso por Valencia, bajo los puentes. Son muchos los que están en esta lamentable situación, agravada últimamente por la crisis.

     El desalojo fue pacífico, gracias a nuestra presencia y a la de los medios de comunicación a los que pudimos avisar. De lo contrario, como suele suceder, las formas no habrían sido tan educadas, sino que hubieran sido sacados a empujones y de cualquier forma como estamos cansados de ver cada día. Para desalojarlos hubo un despliegue policial impresionante, eso sí. Sin embargo, para buscarles alguna solución no se movió ni un dedo por parte de la administración ni de las autoridades. ¡Qué paradoja!

     El hecho es que nos pusimos rápidamente a la búsqueda de plazas libres en albergues y alquilamos un piso “de emergencia” mientras encontrábamos soluciones más estables. Los Servicios Sociales, así como los políticos municipales y autonómicos no saben decir más que no hay presupuesto. Aunque no lo dicen, lo que no hay es sensibilidad, ni justicia, ni voluntad de acoger a estas personas.

Integración

     En el “piso de emergencia” que estamos manteniendo con gran esfuerzo económico hay nueve personas. A Marek le hemos acogido temporalmente en nuestra comunidad donde teníamos una habitación libre. Está haciendo un curso de pintura organizado por Cáritas Diocesana y pequeños trabajillos que le van saliendo.

     Marek es un tipo simpático y con ilusión de salir adelante a pesar de las dificultades. La verdad es que no le teme a nada. A mí, desde luego, me admira su manera de ser y su capacidad de afrontar y superar todos los obstáculos. Cuando se ha superado y sobrevivido a la experiencia de una semana en el mar a la deriva, y se vive día a día en la inseguridad de ser detenido por la policía y en la incertidumbre de si hoy podré comer o no, parece que uno le pierde el miedo a todo lo demás, todo se relativiza.

     Cuando se aborda en nuestra sociedad el tema de la inmigración como un “problema”, no puedo dejar de pensar que estamos ciegos. Esto no es un “problema”, es una suerte y un regalo poder acoger y aprender de los que vienen buscando un mundo mejor y compartiendo una cultura y una manera de ser, muchas veces, asombrosamente positiva, emprendedora y llena de futuro. Tendríamos que agradecerles su presencia y su aportación laboral, cultural y espiritual en vez que empeñarnos en ponerles trabas y dificultades para que puedan vivir con nosotros y entre nosotros.

     Marek, sin perder nunca la sonrisa, dice con frecuencia: Siempre hay una solución cuando se busca.Y no le falta razón. La cuestión es: ¿Queremos encontrar una solución? Me recuerda mucho ese dicho tan sabio que dice: Quien quiere hacer algo, siempre encuentra un medio; quien no quiere hacer nada, siempre encuentra una excusa.

     Yo sospecho que quienes tienen poder para encauzar estas nuevas situaciones, como la inmigración, nunca han tomado un café ni han mirado cara a cara a una persona inmigrante, ni le han preguntado por su familia. Porque cuando este encuentro personal se da, es imposible no hacer algo, a no ser que uno sea de piedra y no permita que afloren sus sentimientos y su humanidad. Creo que nuestro dirigentes políticos y los que trabajan en la Administración están tan llenos de papeles, programas, discursos e ideologías que no tienen tiempo y se les “escapa” la vida, la persona, la realidad. Y la realidad es que hay muchas personas, demasiadas, sobreviviendo entre nosotros, maltratadas e ignoradas por nuestra sociedad. ¿Abriremos los ojos algún día al valor de la persona y a su dignidad? En el fondo nos estamos jugando nuestra propia dignidad.

A ellos, a los inmigrantes, deberíamos agradecerles tantas cosas… Quizá la más importante sea que nos dan la oportunidad de ser más personas.