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Octubre de 2009

     

* Los artículos destacados en negrita
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1 Saludo editorial

2 Buenas noticias

4 Correo del lector

5 La mirilla de Icono

6 De la mano de María
     Funeral en la 'Mission Church'
     La Virgen de Suyapa
     El rosario del Pilar

12 Iglesia en camino
     El amor en la verdad
     Kilómetro cero
     Rafael Arnáiz Barón

18 Tema del mes
     El aborto. Aspectos psicológicos

22 Familia Redentorista
     ¿Aceptas?
     ¿Y si Dios me llama?
     "Vuelvan pronto"

28 En directo: la Familia
     El arte de envejecer
     La poderosa soledad
     La hora más importante

32 Colaboraciones
     La diversión
     La idolatría del dinero

36 Día del Señor,
  
  día de la comunidad


Rafael Arnáiz Barón
por H. López

La ilusión juvenil unida a la sencillez de corazón son dos poderosas
herramientas, y de portentosa eficacia, para ser feliz

Estaba anunciado y llega el momento. El domingo 11 de este mes el Papa Benedicto XVI canonizará al beato María Rafael, más conocido como el “Hermano Rafael”, monje cisterciense. Será el más joven de los cinco beatos que recibirán ese día el título (murió a los 27 años) y también el que ha fallecido más recientemente (1911-1938).

Se dice que Fray María Rafael alcanzó la santidad en medio de renuncias y sacrificios, y que disfrutó con alegría de la vida contemplativa, porque la abrazó con aire joven y con sencillez de corazón. Evidente: la ilusión juvenil unida a la sencillez de espíritu son dos poderosas herramientas, y de portentosa eficacia, para ser feliz.

También se comenta que su espiritualidad, centrada en la Eucaristía, realza la grandeza y la bondad de Dios, y revela el dominio del Señor sobre su vida. Le llamaba “el Amo” y a la Virgen, “la Señora”. Está claro que los santos tienen la secreta habilidad de “dejar hacer a Dios”. ¡Y cómo se les nota! Son de lo mejor que ha producido la historia.

Unos datos biográficos

Desde pequeño, Fray María Rafael manifestó una altísima sensibilidad por los temas espirituales, así como por la pintura y el arte en general. Pero la enfermedad le golpeó con frecuencia hasta el punto de tener que interrumpir por un tiempo sus estudios. Primero fueron unas fiebres coli-bacilares y luego una pleuresía.

Una vez curado, su padre lo llevó a Zaragoza (año 1922) para consagrarlo a la Virgen del Pilar. Posteriormente su familia fue trasladada a Oviedo, ciudad donde Rafael terminó sus estudios de secundaria.

En 1930 inició los estudios universitarios en la Escuela Superior de Arquitectura de Madrid. Era una época muy turbulenta, con un anticlericalsimo muy encendido en nuestro país. Se acercaba la guerra civil española.

En julio de 1932, Rafael dejó por unos días sus libros de arquitectura para realizar unos ejercicios espirituales en el monasterio donde sintió la vocación a hacerse monje cisterciense. Ya no serían los planos, ni los diseños, ni las construcciones los objetivos profesionales de su vida, sino el “ora et labora” de san Benito y el “sólo Dios basta” de santa Teresa los que guiarán los pocos años que pudo dedicar a la vida monástica.

Tenía 23 años cuando fue aceptado en el monasterio de San Isidro de Dueñas. Y muy pronto experimentó que esta vocación respondía a sus anhelos más íntimos.

¿Traición de Dios?

Los santos se relacionan con Dios con una naturalidad admirable. Tienen un grado de confianza extrema con Él, característica de su vivencia creyente. Esto no obsta para que le hablen con genio y, al mismo tiempo, con humilde sumisión.

Ya hemos indicado que la salud de Rafael no era fuerte. Cuando estaba centrado en lo que creía con firmeza que era su vocación, una nueva enfermedad, la diabetes, le obligó a abandonar el monasterio en tres ocasiones. Le pareció casi una traición por parte del Señor, pero paulatinamente fue descubriendo que Dios escribe recto con líneas curvas…

Conducido misteriosamente por el Señor –él también se dejaba–, llegó a entender la voluntad divina en todo lo que le estaba pasando. Necesitó de temporadas largas fuera del monasterio para curarse. Cuando se creía restablecido, pedía entrar de nuevo, aunque fuera en condiciones limitadas, como oblato, porque su cuerpo no podía con todo el rigor de la regla monástica. Fue aceptado como huésped. Pero su vocación era tan fuerte y transparente que fue aceptado de nuevo en igualdad de condiciones.

El legado de un joven santo

La sencillez, la naturalidad e incluso el sentido del humor, que rezuman sus escritos, no restan valor ni profundidad a sus experiencias en el monasterio, ni a su amor al Señor y a Santa María.
En 1934 Fray María Rafael recibió el hábito blanco. Este hecho se lo comentó con profunda alegría a su madre por carta: “Estoy muy contento (...) Ya estoy todo de blanco, por lo menos por fuera. Ahora voy a esforzarme en estarlo por dentro, que es lo principal”.

Intercalaba sus reflexiones con comentarios que hacían reír a los destinatarios de sus cartas: “Lo que me da mucho calor es la capucha. Cuando llegue el verano, me voy a derretir poco a poco; un día van a ir a buscar a Fray María Rafael y no van a encontrar más que el hábito”.

Y, como cabía suponer, fue la enfermedad de la diabetes la que le llevó a la muerte en la enfermería del monasterio, el 26 de abril de 1938. Esta habitación se conserva convertida en lugar de oración y de recogimiento.

El 19 de agosto de 1989, el Papa Juan Pablo II lo propuso como modelo para los jóvenes en Santiago de Compostela, con ocasión de la Jornada Mundial de la Juventud. Después lo proclamaría Beato el 27 de septiembre de 1992 en la Plaza de San Pedro en Roma.

Ahora se oye que volverá a ser propuesto a los jóvenes como modelo en la próxima Jornada Mundial de la Juventud, a celebrar en el verano de 2011.

El aborto
Aspectos psicológicos
por Pilar Hernán

¿Qué lleva a una mujer a tomar la decisión de abortar?
¿Es una decisión que se toma a la ligera?
¿Qué consecuencias tiene para su evolución psicológica?

No es fácil reflexionar acerca de un tema tan polémico como el aborto. En el momento actual resulta una realidad difícil, teñida de intereses políticos, con posiciones contrarias muy definidas y con poca apertura al diálogo. Sin embargo, podemos acercarnos a él desde varios puntos de vista.

Ópticas diversas

Si lo contemplamos desde el punto de vista religioso/cultural (católico), vemos que se considera un pecado porque atenta contra la vida de un ser humano. Nosotros nos movemos en la tradición cristiana, donde prima el precepto “no matarás”. Lo podemos apreciar tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento. Los primeros cristianos se encontraron con una práctica social, pagana, muy extendida: era el abandono de recién nacidos (en la antigüedad, el recurso al aborto era mucho más infrecuente porque comportaba peligros mayores para la salud; lo que se solía hacer era dar a luz y abandonar o asesinar al recién nacido indeseado). Los cristianos se negaron totalmente a esa práctica. Desde los inicios, como podemos ver en los documentos más primitivos de la época, prohibieron el homicidio, el suicidio y el infanticidio.

Históricamente, podemos leer en filósofos de la talla de Aristóteles, por ejemplo, que admitían el aborto en los casos de las familias con excesivo número de hijos. Sin embargo, el médico Hipócrates lo prohibía de manera categórica en base a su juramento de cuidar la vida de la persona enferma.

Hoy, política y jurídicamente, se está abordando el tema para intentar legislarlo, viendo en qué casos puede estar permitido o no, y bajo qué circunstancias. Actualmente, en España está penalizado; solamente se admite en el caso de tres supuestos: violación, peligro de muerte para la madre y graves malformaciones en el feto, pudiéndose realizar durante los tres primeros meses de la gestación.

Proceso psicológico

Pero nosotros vamos a acercarnos al tema desde el punto de vista psicológico, planteándonos los siguientes interrogantes: ¿Qué lleva a una mujer a tomar la decisión de abortar? ¿Es una decisión que se toma a la ligera? ¿Qué consecuencias tiene para su evolución psicológica, con el paso del tiempo?

Los estudios actuales no aportan un perfil definido de la mujer que decide interrumpir su embarazo de una forma voluntaria, pero sí indican una serie de motivos, que podríamos dividir en dos grandes grupos:

  • Motivos sociológicos: problemas económicos, embarazos previos con complicaciones, dificultades con los hijos ya nacidos, contraindicaciones médicas, conflictos maritales, abandonos, incluso malos tratos…

  • Motivos psicológicos: sentimientos de soledad, inmadurez psicológica, aspiraciones profesionales que podrían quedar truncadas, inseguridad ante el futuro, fallos en los métodos anticonceptivos…

Los motivos sociológicos son aportados en general por mujeres más mayores, casadas o viviendo con parejas estables, con sus vidas ya estructuradas. En cambio, los motivos psicológicos resultan más propios de adolescentes y jóvenes que, de pronto,  se encuentran ante una realidad que les viene grande y no habían planeado todavía. Hay que tener en cuenta que el hecho de decidir si se interrumpe un embarazo o no es una decisión muy difícil y nunca puede estar basada en un único motivo. No olvidemos que tanto el embarazo como su interrupción suponen una crisis en la vida de la mujer; una crisis que le va a llevar a un cambio radical en su vida, con un antes y un después, empezando por los cambios en su cuerpo y continuando con los cambios psicosociales. Y el aborto es una decisión terrible porque entran en juego una serie de valores culturales y personales que le han acompañado siempre: los conceptos vida/muerte; la defensa de la vida de un ser inocente; el momento concreto en el que empieza la vida humana; el proyecto vital de cada persona; la libertad, el control físico y emocional del propio cuerpo…

Una mujer, que se está planteando una interrupción voluntaria de su embarazo, por los motivos antes indicados, pasa por el proceso siguiente:

  • Surge, de inmediato, una situación de angustia, que comienza con las primeras sospechas de embarazo. En esta situación, el pensamiento de la mujer es confuso y más aún lo son sus sentimientos. Le asaltan fantasías de todo tipo, en general inquietantes, y entra en una situación de confusión que amenaza su equilibrio emocional. Espera, con gran tensión, el resultado de los análisis y, cuando éstos confirman el embarazo, aumenta la confusión y la angustia, haciéndose real y obsesivo lo que hasta entonces era fantasía: tiene que elegir entre tener el hijo o abortar. Sea cual sea su apariencia externa, la mujer normal vive esta decisión como una opción grave y seria. El hecho de tener que decidir en un plazo limitado aumenta la angustia.

  • La angustia se acentúa por el fuerte sentimiento contradictorio que se produce, debido al deseo instintivo de conservar el hijo y al deseo, también muy profundo, en ese momento, de deshacerse de él. La primera de estas dos fantasías conecta con la vida; la segunda empieza a establecer una relación con la muerte.

  • Con este grado de angustia, la mujer necesita comunicar su situación y se plantea una búsqueda de confidentes, llena de temor de que las reacciones que va a provocar en el compañero, en la familia o en los amigos sean, en general, negativas. Sería muy conveniente que esta petición de ayuda encontrase una respuesta adecuada, pero en muchos casos la mujer se encuentra sola e incomprendida en su decisión. Un confidente adecuado puede ayudarla a poner en orden las ideas, analizar los sentimientos y disminuir la angustia, lo que, al menos, le proporcionará, para enfrentarse con la decisión, un mínimo grado de libertad que no tiene en el estado que hemos venido describiendo.

  • Una vez tomada la decisión, se produce una remisión momentánea de la angustia, que es sustituida por un fuerte sentimiento que, a su vez, generará nueva angustia. Se trata del sentimiento de miedo a ponerse en manos de médicos o personal cualificado. ¿Cómo van a reaccionar? ¿Qué va a ocurrir durante el proceso médico?

  • Más o menos coincidente con el sentimiento de miedo, aparece un sentimiento de culpa. La angustia cederá, se controlará o se reprimirá; el miedo desaparecerá; pero la culpa, reprimida o no, queda presente si no se toman las medidas adecuadas para remediarlo. Culpa ante la sensación de matar una vida inocente, aunque no se mata una vida inocente; se mata un proyecto, una posibilidad.

  • Una vez realizada la interrupción voluntaria del embarazo, hay una sensación de alivio; pero empieza otro proceso que, desde un punto de vista psicopatológico, es más importante. El miedo ha desaparecido, la angustia cede, el sentimiento de culpa se reprime y entra en funcionamiento un mecanismo natural de defensa: la negación. Este mecanismo de defensa consiste en enfrentarse al problema negando su existencia o su relación o relevancia con el sujeto. Exteriormente todo vuelve a la normalidad, pero ha sucedido algo importante, que permanece dentro y que en un futuro no se sabe a dónde llevará. Otro mecanismo de defensa es la racionalización. Consiste en justificar las acciones (generalmente las del propio sujeto) de tal manera que eviten la censura. Se tiende a dar con ello una “explicación lógica” a los sentimientos, pensamientos y conductas que de otro modo provocarían ansiedad, sentimientos de inferioridad o de culpa.

  • Tristeza/pérdida. Los sentimientos de tristeza y pérdida son universales y frecuentes entre las mujeres que experimentan un aborto. La expresión de estos sentimientos genera confusión en la mujer. Puede parecer paradójico que una mujer que ha elegido terminar un embarazo pueda experimentar tristeza después del procedimiento; sin embargo, la tristeza es originada por la ambivalencia hacia el embarazo y el aborto, porque no se trata de una decisión cualquiera; por sí misma, la interrupción de un embarazo es un evento vital en la vida de la mujer y está relacionado íntimamente con sus deseos, principios religiosos y éticos, sentimientos, frustraciones y otras emociones.

  • Madurez. Con frecuencia las mujeres cuentan que la experiencia del aborto ha significado un cambio en sus vidas, que han pasado de la pasividad a la responsabilidad activa, y que ahora planean y conducen su destino. Reconocen que esta dolorosa decisión les ha enseñado a tomar con seriedad su futuro, sus deberes y obligaciones y que se sienten más responsables de sus actuaciones, decisiones y de la manera de afrontar las situaciones difíciles.

Práctica “oscura”

Es cierto que, en el momento actual, la interrupción voluntaria del embarazo ya no está tan teñida de trascendencia, ni se encuentra sometida a tanta presión moral o social como ocurría antaño. A pesar de ello, esa aparente “legitimidad social” nunca va a suprimir la sensación de culpabilidad personal, el propio dolor y desgarro personal producido en la decisión y en su realización, la autoconciencia de la fuerte irresponsabilidad que acompaña siempre a la mujer que toma semejante decisión.

No olvidemos que el aborto seguirá formando parte de las prácticas sociales “oscuras”, aquellas que todo el mundo sabe que se realizan, pero que es mejor no hablar de ellas.