≡ Mayo de 2011 ≡
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5 La mirilla de Icono
6 De la mano de María
La que desata los nudos
Catedral de Savannah
El dulce nombre de María
12 Iglesia en camino
Acoso a los cristianos
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María de Nazaret,
orgullo de nuestra raza
22 Familia Redentorista
280 años de respuesta
Recordando a Plácido
Música en la parroquia
28 En directo: la Familia
Los derechos del niño
Trasmitir la fe
¿"Ni-ni" o alternativos?
34 Colaboraciones
La tragedia de Japón
Bendito trabajo
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María de Nazaret,
orgullo de nuestra raza
Por Pedro Guembe

Quedó atrás el crudo invierno. Este año todavía resuenan los tambores de la Semana Santa. Y mayo retorna con sus flores y cantos a María, el arcoíris de nuestras esperanzas y la Madre de nuestra fe.
El pueblo fiel ha guardado en su corazón la Palabra de la fe; también ha expresado a través de los siglos la verdad depositada en esa Palabra y la ha celebrado con fiestas. Los dogmas no son principalmente conceptos, sino indicadores comunitarios del camino de la fe. Por eso, los cuatro dogmas acerca de la Virgen María han de ser fuerzas vivas que nos impulsen en la fe evangélica; han de desbordar ideas y teorías, porque una mujer y una madre nunca pueden ser teoría.
Alguien me comentó una vez: Lo que dice el evangelio sobre María, lo resumo en un minuto. Pensé: Solo los loros repiten palabras sin saber lo que dicen. Pero, la verdad, hay muchos loros...
Lo que los evangelios proclaman sobre María es suficiente para saber quién es en la Historia de Salvación, como Madre de Jesús, Madre de nuestra fe y signo de la Humanidad llamada a lograr lo más grande y a superarse ante situaciones de pecado personal y estructural, y de humillación por abuso de los poderosos. María es un programa de amor de Dios, donde no cabe nada destructivo. Refleja, a la luz del evangelio, toda la amorosa belleza que Dios pensó para la humanidad. Por eso dejemos que hable la Palabra… sin hacerle decir lo que queremos que diga… Dejemos a un lado las sensiblerías estériles...
María para todos
María recoge todos los sueños y proyectos de Dios al crearnos. Es la mujer-humanidad tocada por el dedo creador para que de ella surja la Vida plena: el Amor gratuito y abundante, y la Justicia santa que nos dignifica. Al pie de la humanidad crucificada María no es un consuelo dulzón, sino una valentía comprometida al servicio de la Nueva Creación que el Padre Dios ofrece toda persona desmoronada por su pecado. Ella nos enseña a aplastar la fuerza del mal.
En esta sociedad donde todo es válido, María indica que solo es válido lo que eleva y dignifica a las personas. Bien podemos decir, pues, que María es un derecho de la Humanidad que aspira siempre a lo mejor, aún inconscientemente, y a liberarse de lo malo, mucho más directamente.

No está fuera del alcance humano
Es verdad que Cristo, por haberse empequeñecido hasta la condición de siervo, fue exaltado como “Señor de los que buscan la Vida”... María se presentó ante Dios como sierva, y por eso los creyentes la llamamos “feliz, bienaventurada”. Ello no ha de significar que la coloquemos tan alto, que esté fuera del alcance de nuestros intentos de fe. Perderíamos el creativo mensaje de su persona. Como principio, Ella es orgullo de nuestra raza y, por lo mismo, alguien cercano. Hemos de proponernos verla tan cerca que sea orgullo de nuestra raza, y no tanto de los ángeles.
María está ahí como Palabra de Salvación y de Vida, pronunciada por Dios con toda delicadeza para nosotros, hijos de la tierra. El Señor creó para nosotros esta Palabra Singular: María nazarena. En esa Palabra va el amor de todo un Dios. Ahora nos toca contemplar y vivir ese amor de Dios y no quedarnos en el nombre, es decir, que no se llene la boca de “María”, mientras el corazón se queda frío, sin el amor significado en esta Mujer. Si seguimos colocándola en las nubes, tal vez se nos quede el corazón frío, viéndola como “inalcanzable”.
Insistimos: Dios no nos ha dado nada inalcanzable. Le dio a su Hijo una madre nazarena... Y nosotros la necesitamos humana a lo divino, es decir, muy cercana. El Dios de la encarnación, hasta pasar por blasfemo y maldito en la Cruz, quiere expresarnos en María hasta qué punto sueña con nuestra grandeza al colocarla al pie de esa cruz, tan cerca de ese Dios Jesús que se acerca tanto a nosotros que se identifica con la mayor abyección en que cualquier ser humano pueda verse. Al hacer de María una mujer tan total, Dios nos está diciendo que su Amor nos hará íntegros. Él ha soñado al ser humano tan maravilloso como es María, signo nítido de una humanidad soñada divinamente. Y lo que Dios sueña se hace realidad.
Nos va a hacer falta creer más en los sueños de Dios o, de acuerdo con la expresión pictórica de la Iglesia oriental en la Virgen de Vladimir, nos hace falta dejarnos tocar por Dios con su soplo divino. María es esa humanidad que se deja tocar por Dios y sueña con los sueños de Dios... ¡Algún día será!
Dios hizo para nosotros esta Mujer, Madre de la Humanidad: “Hijo, ahí tienes a tu Madre” (Jn 19,27).Todo lo que la Iglesia cree y pregona de María, además de cualidades suyas, son cualidades de la Nueva Creación: un programa alcanzable para quien se deje tocar por Dios. De aquí surge la pasión de hijo por la Madre. Quien descubre este misterio del amor divino volcado a nosotros, siente pasión de hijo por la Madre, sin sensiblerías baldías, sino con afán de ser digno… de tal Madre.
A María se la alcanza, en el horizonte de la fe, con el evangelio en el corazón y también en la reflexión: Ella guardaba y meditaba qué podría ser todo aquello. También nosotros hemos de ahondar en la escucha para no vivir de oídas este gran signo evangélico y del cielo (Ap 12,1ss).
María de carne y hueso
Cantamos a María: Tú eres el orgullo de nuestra raza. Solo si María es una persona real, en su historia, en su pueblo, entre su familia, en sus deseos e ilusiones… o sea con las posibilidades de cualquier persona, puede tocarnos el corazón, ilusionarnos y enamorarnos; solo así representa el destino y la promesa hecha a la humanidad.
Llena de gracia, ella, la nazarena, la joven que buscaba el agua en la fuente y charlaba con la gente de su pueblo en los trabajos diarios; la que hacía las labores de casa y acudía a la sinagoga y a las fiestas fijándose en los jóvenes más atractivos, es decir, con sus planes y sus sueños. María de carne y hueso como nosotros. María no sabía más que los demás… lo grande de Dios la superaba. Pero es la llena de gracia por don divino, para ser cauce por donde fluye el amor de Dios a los seres humanos… Si María no es de carne y hueso, y no un hada buena o una sublimación fantástica, no puede ser referencia en el plano de la fe encarnada en Jesucristo encarnado. Tiene que ser primero ella misma, la amada de Dios pisando tierra, para que nosotros, los humanos, podamos entendernos en Ella, como lo más querido de Dios, a pesar de nuestro pecado.
Es, sí, inmaculada como arras y garantía de lo que el Creador hará con nosotros: En Jesucristo nos lleva a liberarnos del aguijón del mal y a vencer, con nuestra libertad obediente y con su Espíritu recreador, el pecado que nos atrapa como la yedra a la tapia vieja. María es “orgullo de nuestra raza” porque tuvo toda la libertad humana para acoger o rechazar la propuesta de Dios… Es nuestro orgullo porque hizo bien lo que es preciso hacer cuando se es inteligente… Ella lo logró, porque no siguió el ritmo de sus gustos, sino el ritmo de Dios, la sabiduría del cielo. No necesitamos ninguna aparición de María para quedarnos sobrecogidos al contemplarla, porque es una voz sencilla de lo que Dios nos prepara como felicidad.

Madre de Cristo y de los creyentes
No me haría falta una Mujer tan colosal si no me llevara a la vida de Dios encarnado, Jesucristo. Por así decir, con María, la Historia de Salvación se sale de la magia y de la fantasía para hacerse una historia encarnada, asequible, llena de realismo y de credibilidad. Jesús el Mesías se hace hombre en las entrañas de una mujer, tiene una madre que le enseña a ser hijo de nuestra tierra, a crecer obedeciendo y trabajando, a orar y escuchar la Palabra santa, a compartir la vida con los demás, a amar y servir, a defender al pobre y a la mujer maltratada y utilizada, le enseña a dar la vida porque los otros son antes que uno mismo en la sabiduría de Dios. Esa es la madre de Jesús y ese hijo es el Mesías; de este modo María es la Madre de Dios, la que da forma humana a Dios, Madre de Jesucristo, que nos da la Vida Nueva y nos enseña la sabiduría del cielo.
Y así María es la Madre de los creyentes en Jesucristo-Vida Nueva, Madre de los que forman la comunidad de Jesús y se rigen por la Sabiduría divina. Vida y Sabiduría encarnadas en el realismo humano, desmoronado y sufriente, o gozoso y esperanzado. De esta manera María queda liberada de las fantasías que generalmente urdimos con los personajes ilustres. Ella es todo menos ficción. Apoya, aguanta y sufre todo lo que su hijo vive en el camino hasta la entrega final; y muchas veces sin comprender nada y sin recibir explicaciones: solo guardándolo todo en su alma de madre y aguardando los momentos de luz, como el centinela la aurora, como todos, pero unida siempre a su Hijo como nadie hasta el último suspiro de Jesús en la cruz.
Algo que resalta en esta mujer, María, la madre de Cristo, es la sencillez con que va por la vida, como si no fuera nadie, sin hacer alarde de nada, escuchando y aprendiendo como una más en el corro de oyentes lo que Jesús enseñaba, aún siendo Ella la maestra que lo había educado para ser Hijo amado del Padre.
Necesitamos y deseamos una madre para esta vida nueva de gracia, que haya experimentado nuestro mismo vivir y que en nuestros apuros sea como un socorro que nunca se canse de oírnos y de alentarnos… Desde la cruz Jesús le encomendó esta tarea de ser la madre, que sostuviera la vida de fe de los que siguen junto al crucificado. Y la que vio nacer y tuvo que arropar al Mesías niño también fue la Madre de la Iglesia niña, necesitada del vigor y del testimonio alentador de un amor entregado a la Causa de Jesús.

Los derechos del niño
Ana y Antonio

Un día de cada año se suele celebrar en los colegios, el día de los derechos del niño/a. Reflexionando sobre esta celebración y viendo la realidad en la que viven muchos niños en el llamado primer mundo, creemos que está un poco fuera de lugar por varios motivos.
El primero es que, en nuestro planeta, a más de la mitad de los niños se les está privando de casi todos sus derechos, sin que esto parezca que preocupe demasiado, pues aunque todos los años, en diferentes fechas, se hace referencia a este tema, la verdad es que muchos niños siguen sin tener lo más mínimo que les garantice una vida con dignidad. ¿A quién corresponde velar por los derechos de estos niños? ¿A las ONGs? ¿A los políticos? ¿A los organismos internacionales? ¿Por qué razón se ven privados de los derechos más básicos, como tener una familia, recibir una educación, alimentación y asistencia sanitaria adecuadas?
El segundo motivo es la otra cara de la moneda: En los países del llamado primer mundo, tanto se ha mentalizado a los niños/as de sus “derechos”, que estamos formando criaturas conscientes de que todo se lo merecen y ellos no tienen ningún deber. Nos estamos equivocando y es de sabios rectificar. Por eso proponemos celebrar tal día, pero recordando derechos y deberes, y por supuesto haciendo a todos reflexionar sobre la realidad en la que viven otros niños como ellos, induciéndoles a valorar lo que tienen y formando en ellos un espíritu crítico que les ayude a crecer personalmente, para asumir los distintos retos que la vida les depare.

Derechos - deberes
Nosotros proponemos trabajar las siguientes cuestiones o derechos-deberes:
– Tengo derecho a que me enseñen y el deber de aprovechar la escuela y estudiar con responsabilidad. ¿Cumple la mayoría este deber? Si pensamos un poco, cada vez es mayor el fracaso escolar; en muchos casos la formación es tan superficial que no saben ni escribir bien. Eduquemos en el esfuerzo y en las tareas bien hechas, ya que tienen en sus manos todo lo que necesitan para su formación y, por tanto, tienen el DEBER, con mayúscula, de aprovechar el tiempo.
– Tengo derecho a que me escuchéis y yo debo escuchar a los demás para comprender lo que me quieren transmitir. ¿Cómo educamos en el diálogo? ¿Somos capaces de sentarnos tranquilamente con nuestros hijos y enseñarles con el ejemplo que, para solucionar problemas y compartir inquietudes, hay que escuchar y hablar con serenidad?
– Tengo derecho a una familia que me quiera y el deber de colaborar en casa y no convertirla en un hotel. Con el diálogo, creemos que hay que hacer conscientes a los niños/as del deber que tienen de colaborar en las tareas domésticas y sobre todo en la responsabilidad de tener arregladas y ordenadas sus cosas personales.
– Tengo derecho a crecer sano y el deber de cuidar mi salud no tomando nada que perturbe mi crecimiento físico y psíquico. Es importante alertar de todo lo que por desgracia circula hoy en la sociedad y que puede poner en peligro su vida y su independencia.
– Tengo derecho a ser diferente y el deber de aceptar a los que son distintos. Vivimos en una época en que la globalización cada día es mayor y debemos convivir con personas de razas diferentes; por tanto es fundamental educar en la aceptación de los demás, a pesar de las diferencias físicas, culturales y religiosas.
– Tengo derecho a disfrutar de la naturaleza y el deber de cuidarla con cariño. Hoy más que nunca es necesario educar en los valores ecológicos y en la responsabilidad de cuidar la naturaleza, para evitar que siga sufriendo los efectos del consumismo y de los intereses económicos de unos pocos.
– Tengo el derecho a no ser explotado y el deber de no abusar de nadie. Hemos de educar creando una conciencia crítica sobre cómo viven muchos niños y niñas de otros lugares, donde son explotados para trabajar sin ningún derecho, haciendo útiles que muchos de nosotros después disfrutamos a costa de la explotación infantil.
– Tengo derecho a jugar para ser feliz y el deber de compartir mis juguetes con los demás. Educar el sentido lúdico en el marco plural de la vida ordinaria, así como el valor de la alteridad y la generosidad es de gran trascendencia para el equilibrio personal, siempre envuelto en el contexto de las relaciones humanas.
Esta serie podría ser más larga. Y si todos los que nos dedicamos a la educación, juntamente con los padres, consiguiéramos que nuestros hijos asimilaran estos y otros derechos y deberes, a lo mejor celebrar este día tendría otro sentido.
Queremos terminar con una frase que nos puede ayudar: “EDUCA y da AMOR al niño de hoy y no tendrás que castigar al hombre de mañana”.
