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2 Buenas noticias
5 La mirilla de Icono
6 De la mano de María
Diócesis de Arecibo
Un bello poemario
Gotas divinas
12 Iglesia en camino
El "amén" de la oración
Mujeres en la vida de Jesús (III)
El P. Ximo
Información sobre la JMJ
19 Tema del mes
Los jóvenes de hoy
24 Familia Redentorista
Cristiano por vocación
Yubé y el pelapollos
28 En directo: la Familia
Un balneario para el encuentro
Una boda diferente
La crisis y la familia
34 Colaboraciones
Los bosques, fuente de vida
Fuga mundi
Anochecer
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Los jóvenes de hoy
Por Octavio Hidalgo

Siempre han interesado los jóvenes socialmente. También han importado a la Iglesia y a su evangelización. Actualmente, llegar a ellos es una preocupación grande de muchas comunidades cristianas.
En efecto, preocupan los jóvenes porque significan mucho para el presente y porque son el futuro de la sociedad y de la Iglesia. En relación con ellos nos jugamos muchos valores o incurrimos en riesgos de difícil previsión.
Al nombrar a los jóvenes, como a cualquier otro colectivo, se corre el peligro de generalizar y, por tanto, de meterlos a todos en el mismo marco, cuando sabemos muy bien que no todos son iguales. La diversidad es un ingrediente de la vida real y, por tanto, también de la vida juvenil. Es cierto que una serie de características describe a los jóvenes como generación; pero hemos de ser muy cautos para no trasladar a todos por igual los tópicos que frecuentemente se traen y se llevan cuando se les menciona.
Informe de la Fundación SM
Hace poco más de un mes salió a la luz el Informe titulado Jóvenes españoles 2010. Desde hace varias décadas, la Fundación SM viene presentando, cada cinco años, un estudio sociológico sobre los jóvenes. En esta ocasión los cuestionarios llegaron a 3.513 jóvenes españoles y a 503 jóvenes inmigrantes.
Según dicho Informe, los jóvenes ven el futuro bastante negro, muy poco prometedor, lo cual sumerge a muchos en un mar de incertidumbres, rebajándoles las ganas de pelear por su propio porvenir. Quizás por esto se oigan comentarios sobre la pasividad juvenil, sobre su adormecimiento o su apatía social… rasgos que, si se observan, no es ciertamente en todos los jóvenes. Hay quienes, a pesar de todo, ejercitan la confianza y se esfuerzan por conseguir lo que desean.
Se recoge también en el estudio sociológico que el 81% de los jóvenes no forma parte de ningún tipo de asociación, con lo cual su incidencia en la vida pública pierde altos porcentajes. Se observa, asimismo, un creciente individualismo, debido también al influjo dominante de las redes sociales. No obstante, alguien dirá que el contacto por las redes es otro modo de socialización y de comunicación en la llamada “aldea global”…
Sobre los políticos y los gestores públicos, los jóvenes tienen una opinión notablemente negativa. Siete de cada diez piensan que en los políticos priman sus intereses particulares o partidistas sobre los de los ciudadanos, opinión que no difiere del parecer generalizado, puesto que muchas personas desconfían de su honestidad y de su dedicación al bien general de los ciudadanos. Sólo el 1% de los jóvenes consultados considera que los políticos son coherentes. Todo ello influye en la despreocupación de muchos jóvenes por la política y por la participación en la vida ciudadana.

Sí valoran los jóvenes la familia y el entorno de los amigos. Es el contrapunto de lo que en la sociedad no les gusta, y el refugio donde se encuentran mejor y más protegidos. De hecho, un 85% de los jóvenes encuestados confiesa que permanece en la casa familiar, ya estudien o trabajen. Con todo, queda por ver el grado de relación familiar que desarrollan, así como su implicación responsable en la marcha cotidiana de la vida doméstica.
Otro tema de los consultados ha sido el referente a la religión. Según el Informe citado, sólo un 22% de los jóvenes manifiesta que la religión es importante en sus vidas. Especificando más: un 53% se declara católico, un 45% revela no ser religioso (agnósticos o ateos) y un 2% profesa otra religión. De los que se declaran católicos, un 61,8% no va a la Iglesia, un 20% lo hace de muy tarde en tarde y el resto se acerca a la Iglesia con mayor o menor periodicidad. Interroga, y es para considerarlo, que el 60% de los jóvenes, que se dicen católicos, no oren nunca o casi nunca, y que el 70% manifieste que la fe se puede vivir individualmente, de manera privada, sin necesidad de pertenecer a ningún grupo o comunidad cristiana.
En cuanto a la significación e importancia que los jóvenes conceden a Iglesia institución, la apreciación es realmente muy baja: la Iglesia resulta muy poco valorada. Un 75% la contempla demasiado rica y con posturas anticuadas (por ejemplo, en materia sexual). Un 63% considera que se mete demasiado en la vida de las personas. Y un porcentaje alto de jóvenes afirma que sus normas no les ayudan a disfrutar de la vida. Para todos éstos los mensajes eclesiales carecen de importancia. Sin embargo, un 23% reconoce tener confianza en la Iglesia y no es reticente a sus mensajes. Y un 40% considera que las directrices de la Iglesia favorecen el cultivo de la moralidad.
Las ONGs en general así como organizaciones de ayuda ciudadana (sistema de enseñanza, Seguridad Social, Policía…) reciben una valoración de cierto relieve por parte de los jóvenes.
Como novedad, el Informe de la Fundación SM dedica esta vez un capítulo a los jóvenes inmigrantes. Algunos datos que se recogen: el 91% reconoce que le quita el trabajo a los españoles; el 87% asegura que no tiene intención de quedarse en España; el 37% revela que se siente tratado con desprecio en nuestro país. Su impresión acerca de la Iglesia católica es favorable: un 57% manifiesta confiar en ella.

Mirando al futuro
Hasta aquí unos breves rasgos acerca de los jóvenes españoles en el momento actual, según el reciente estudio de la Fundación SM sobre la franja de edad: 15-24 años. Hay en el Informe otras muchas variables y aspectos, incluidos en los cuestionarios presentados. Recogerlos todos excedería mucho el espacio de estas hojas. Somos conscientes de que no presentamos, ni mucho menos, todas las dimensiones de la consulta. Pero basten estos rasgos para cotejar la realidad juvenil que observamos con los datos que se desprenden del estudio realizado.
Nos ha movido a hacer esta presentación la realidad misma de los jóvenes, porque nos preocupa su suerte. También la coyuntura eclesial en que nos encontramos, con una mayor dificultad en cuanto a la evangelización, y especialmente de los jóvenes y con los jóvenes. Asimismo, nos ha parecido conveniente reflejar estas pistas como una aportación a los lectores ante la próxima Jornada Mundial de la Juventud, a celebrar entre nosotros el próximo verano, un evento de gran alcance juvenil y eclesial.
Quien tenga la posibilidad de leer las casi cuatrocientas páginas del estudio publicado no sólo va a tener delante numerosos datos, sino que seguramente le brotarán la reflexión, el discernimiento y el comentario. Ante todo ello, lo ideal no es quedarse en la fría y teórica comprensión de cómo son los jóvenes; lo ideal es determinar qué pasos podemos dar con ellos y a favor de ellos para que el futuro pueda ser encarado con confianza, esfuerzo e imaginación.
Deseamos que los jóvenes de hoy y de mañana sean alternativos y sanamente rebeldes. A ellos les corresponde, sobre todo, luchar por sus ideales con coraje y sin desánimo. Pero también es cierto que los demás hemos de apoyarlos… Todos nos jugamos mucho en su porvenir: sueños, esperanzas, valores…

El P. Ximo
Por Manuel Matute

Hace unos meses Icono hacía referencia a este “pequeño-gran hombre”, el P. Ximo. Fue cuando os presenté a mi amigo Yaya, el chico de Mali que “milagrosamente” se libró de ingresar en prisión por vender unos cuantos CD’s para poder sobrevivir. Pues bien, gran parte de la “culpa” de que se hiciese justicia con él fue, precisamente, este hombre que os quiero presentar a través de esta entrevista.
Antes de nada me gustaría describíroslo brevemente. Se llama Joaquín Montés. Es sacerdote. Natural de Ontinyent (Valencia). Tiene 80 años. Pequeño de estatura, pero sólo de estatura. Bastante grande de corazón. Impresionante en su sensibilidad hacia los más pobres, especialmente hacia los privados de libertad. Y mucho más grande en su amor a Jesucristo, fuente de todo amor.
Lleva años delicado de salud, pero como una pequeña hormiguita, no para, ni hace parar a nadie a su alrededor. Su corazón no debe caber en su pecho, pues le da problemas: le hace caminar despacio y cogido del brazo del primero que encuentra. Su voz es muy débil, no así su atrevimiento y valentía para ir y hablar donde haga falta, siempre que sea en bien de las personas que están en la cárcel.
Yo doy fe de todo esto porque tengo la suerte de trabajar con él en el Centro Penitenciario de Picassent y le conozco desde hace algo más de un año. Es un libro abierto y es, sobre todo, un corazón abierto a todo el que se cruza en su camino. Es un “personaje” en el mejor de los sentidos. Conocido y querido tanto en los juzgados como en los módulos de la cárcel, no sólo entre los privados de libertad sino también entre los funcionarios y el personal del centro. Es discreto, tranquilo, oportuno y eficaz. Cuando le preguntan: “¿Cómo estás, P. Ximo?”, su respuesta siempre es la misma: ¡siempre bien! con una sonrisa serena y transparente.
Es un hombre que refleja de una manera especial la presencia de Dios en su vida y manifiesta con claridad que el Señor se sirve de lo pequeño y lo débil de este mundo para hacer su obra.
Aquí os lo dejo.
–P. Ximo, ¿desde cuándo trabajas en Pastoral Penitenciaria?
–La cosa empezó cuando los compañeros del arciprestazgo me eligieron arcipreste. Entonces yo era capellán de la Casa de la Misericordia, aquí en Valencia. La cárcel Modelo estaba en mi zona y pensé que los capellanes de la prisión debían formar parte del equipo arciprestal. Me puse en relación con uno de ellos, D. Urbano, que me invitó a las fiestas de la Merced y a algunos actos dentro del Centro Penitenciario. Era la década de los setenta; poco a poco me fui adentrando en este mundo de las personas privadas de libertad… y hasta hoy.
He podido vivir la evolución de la Pastoral Penitenciaria: desde la figura del capellán-funcionario en solitario hasta la formación de equipos de voluntarios con la Legión de María, Obra Mercedaria, religiosas de varias congregaciones y el apoyo de grupos de internos que participaban en el coro, liturgia, ropero, etc. Desde ahí era inevitable la presencia e intercesión en los Juzgados. Unas cosas fueron llevando a otras, siempre buscando el bien de las personas concretas que estaban cumpliendo condenas.
–¿Qué piensas del actual sistema penitenciario español?
–Ciertamente ha ido evolucionando bastaste desde los años sesenta. Sin embargo creo que “del dicho al hecho hay un gran trecho”. Una cosa es la ley y otra su aplicación concreta. La ley es igual para todos, pero no todos somos iguales ante la ley. Hay que reconocer que las circunstancias han determinado la tendencia de la ley a endurecer el trato a los internos desde su apertura inicial al comienzo de la democracia, obligada, tal vez, por el aumento de presos que se ha triplicado en los últimos años. También la estructura modular frente a la radial de la Modelo ha propiciado cierta deshumanización creada, a mi parecer, por la seguridad y la mutua desconfianza. Creo que se prima más la seguridad que las relaciones intermodulares, aunque reconozco que quienes desean rehabilitarse tienen a su disposición más medios culturales, laborales, profesionales, sanitarios y deportivos que hace un tiempo. Además, hoy son muy importantes las labores y actividades de la Pastoral Penitenciaria y de otras ONG’s. Sin éstas, la vida en prisión es insoportable”.

–¿Qué crees que debe mejorar en relación a los presos?
–Nunca podemos olvidar que estamos tratando con personas. La persona, haya hecho lo que haya hecho, debe ser tratada como tal. La estructura carcelaria, según nuestra Constitución, está para ayudar a rehabilitar e insertar a las personas en la sociedad. Se dice que la cárcel es “un mal menor”. No es justo convertirla en un “mal mayor” para la persona. Recordemos el acuerdo Iglesia-Estado sobre la atención religiosa en las prisiones donde se habla de “colaboración en la humanización de la vida penitenciaria”. Decía V. Kent: “Odia el delito, compadece al delincuente”.
–¿Quién es para ti, como persona, como cristiano y como sacerdote la persona privada de libertad?
–Como cristiano siempre he visto en el preso la “imagen” de Cristo sufriente y me resuenan continuamente sus palabras: “Estuve –y está– en la cárcel y me visitasteis”. Esa visita tiene que llevar mucho de escucha, de apoyo, de recuperación de su autoestima y de dignidad.
No se puede olvidar su realidad y la de las víctimas, entre las cuales se encuentra la familia del propio preso que, en muchos casos, está tan presa como el interno.
Como persona pienso que también yo podría estar en su lugar, pues soy humano y débil como ellos.
Como sacerdote los veo como destinatarios del perdón y de la reconciliación gratuita que nos ofrece el Padre que no abandona al hijo en ninguna situación, sino que siempre espera con los brazos abiertos.
–Otras cosas que quieras añadir.
–Salvo en escasas excepciones, la cárcel sirve para bien poco. Creo que se podría aplicar la frase evangélica: “No se ha hecho el hombre para el sábado, sino el sábado para el hombre”. Y es que la ley es para el hombre y no al revés. Mientras que en algunos foros hablamos de humanizar (otra clase de cárceles, otro derecho penal es posible, otra forma de administrar la justicia, etc.), cada vez se endurecen más las penas y se mete a más gente en prisión con las consecuencias tan desastrosas que ocasiona en la persona, en las familias… Las alternativas a la privación de libertad deberían ser el primer objetivo de toda sentencia junto con el tema de la “mediación” entre la víctima y el agresor. Tenemos mucho camino por andar para tomar conciencia de todo esto en nuestra sociedad. Creo firmemente que es posible otro modo de hacer las cosas. Basta voluntad política, jurídica y social.
Muchas gracias, P. Ximo. Que Dios te bendiga y tú sigas siendo por muchos años una bendición para las personas privadas de libertad.
