≡ Julio-Agosto de 2011 ≡
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1 Saludo editorial
2 Buenas noticias
5 La mirilla de Icono
6 De la mano de María
Un enamorado
¡Viva María, Viva el Carmelo!
La Asunción
13 Iglesia en camino
La juventud de un anciano
Tres mujeres hablan sobre las
mujeres
JMJ 2011
20 Tema del mes
Vacaciones, no vagaciones
24 Familia Redentorista
Qué bien escribía Alfonso
Carta tras seis meses en Calcuta
Dos mundos
30 En directo: la Familia
El gusto por la lectura I
Mamalola
34 Colaboraciones
La confianza
La muerte de Osama Bin Laden
Instantaneas de la fe de un pueblo
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Vacaciones, no vagaciones
Como disfrutar del tiempo libre
Por Emilio José Prendes

¡Al fin, vacaciones! Dulce sueño de todos los trabajadores. El trabajo (desgraciadamente hoy, muchos no lo tienen) en ocasiones, puede resultar rutinario y pesado; pero es un gran aliciente el saber que hay unos límites, que llegan los periodos de vacaciones, ese intervalo que los trabajadores dedican al descanso... fuera trajes y corbatas, fuera horarios, fuera presiones, se acabo la rutina diaria. Las vacaciones son una parada en el camino para coger fuerzas y seguir adelante. El problema, que aquí queremos exponer, comienza cuando a las vacaciones se les da el significado de no hacer nada, cayendo en la pasividad y el aburrimiento.
El período que comienza es un tiempo de vacaciones que no es lo mismo que VAGACIONES; las vacaciones son necesarias para el ser humano, son necesarias para el padre y la madre, para los niños y niñas, para nuestros mayores... para todos. Un periodo de esparcimiento en el que se quiebre con la rutina a la que estamos acostumbrados. Sin embargo, el tiempo de ocio vacacional es la oportunidad de hacer aquello que me gusta y que por falta de tiempo en la vida diaria no realizo, y eso pudiera ser: desarrollo cultural, cultivar la capacidad creadora o deportiva, ejercitar la convivencia social, relajación, pausas reflexivas, etcétera.
El verdadero significado de ocio
Todos entendemos por ’ocioso’, una persona floja, vaga. Sin embargo, el término ’ocio’ no siempre fue una palabra negativa. Cicerón consideraba como propias del ocio las tareas que reunían estas tres cualidades: ser voluntarias, creadoras y gratas para el hombre. Un sociólogo de nuestro tiempo, Duzamedier, define el ’ocio’ de la siguiente manera: “el conjunto de actividades a las que el individuo puede dedicarse voluntariamente, sea para descansar o para divertirse, o para desarrollar su información o su formación desinteresada; su voluntaria participación social o su libre capacidad creadora; cuando se ha liberado de sus obligaciones profesionales y sociales”.
El significado de las vacaciones o del ocio, ha variado a lo largo de la historia. En un tiempo esta palabra en Grecia tuvo un sentido claramente positivo. Así Aristóteles decía: ‘trabajemos para tener ocio’, es decir, para poder dedicarnos libremente a aquellas ocupaciones que nos gustan y suponen el despliegue y desarrollo de nuestro espíritu. Fue al principio de la Edad Moderna cuando se entendió el ocio como algo negativo: pasividad, pereza... Y es así como, actualmente, muchos damos esta connotación a las vacaciones.
Son muchas las oportunidades que se nos presentan para vacacionar de una manera saludable y no es necesario el hacer un gasto excesivo para lograrlo. Los paseos en contacto con la naturaleza, el dedicarnos a trabajos laborales en casa, el promover que nuestros hijos busquen nuevos alicientes, lejos de la TV y de las consolas, practiquen deportes, establezcamos nuevos canales de dialogo con ellos formándolos en valores, buscar una institución social en la que puedan dar parte de su tiempo como voluntarios, son algunas de las opciones que podemos tomar en esta época de vacaciones, para lograr así un descanso y una realización plena de nuestra persona, como sostiene Susana Haas.
Cuando las vacaciones se acercan es bueno planificar qué tipo de descanso quieres para esta temporada: relax, diversión, viajes, aventura, familia, etc. Como estas variedades pueden entrar en contradicción puedes escoger unos días para el grupo familiar - incluidos los niños, abuelos y hasta alguna mascota-, reservar algunos días, para compartir y disfrutar con tu pareja y reencontrarse bajo un paisaje, vivienda y clima que rompa con la rutina diaria. Y no te olvides también, planificar unos días o momentos al día, para reflexionar contigo mismo y encontrarte con Dios.

Aprovechar el tiempo en vacaciones
Cuando llegan las vacaciones, muchos padres se echan a temblar pensando en la cantidad de horas libres de las que van a disponer sus hijos. Horas y horas que, si no se ocupan bien, pueden echar por tierra toda la labor educativa del curso.
Durante nuestro período de vacaciones los horarios suelen ser más inestables que nunca. Es difícil ordenarlos y equilibrar el tiempo que se le debe dedicar a la familia y el que nos debemos dedicar a nosotros mismos. Encontrar el balance entre el tiempo para uno, y el tiempo para la familia, es fundamental si queremos que nuestras vacaciones sean un éxito en lo que a descanso se refiere.
La Comisión Nacional para la Racionalización de los Horarios Españoles (ARHOE) ofrece una serie de recomendaciones para racionalizar el tiempo en vacaciones, que nos parecen muy aconsejables:
1). Seguir unos horarios también durante nuestras vacaciones. Dentro de una flexibilidad, es recomendable marcar unos horarios mínimos.
2). Dedicar tiempo a la familia y a los amigos. Es importante que aprovechemos un tiempo para estar con nuestros mayores y también con esas personas que durante todo el año están a nuestro lado, pero que por diversos motivos tenemos un poco descuidadas.
3). Aprovechar las comidas. Comidas más pausadas y en familia. Las sobremesas son momentos favorables para reuniones con amigos y para pasar tiempo de calidad con los seres queridos.
4). Reservar tiempo para uno mismo. No se debe olvidar que tras un largo periodo laboral sujeto a una serie de obligaciones, se debe dar paso a un periodo donde la máxima sea la autorrealización de la persona; para ello debemos dedicarnos tiempo.
5). Dedicarnos a nuestros hobbies y aficiones que durante el año no hemos podido realizar.
6). Evitar el sedentarismo. El día tiene 24 horas, tiempo de sobra para descansar, divertirse, estar con familia y amigos, practicar deporte, conocer nuevos sitios, etc. Hacer “cosas”.
7). Desconectar. El único modo de descansar es dejando de lado los problemas cotidianos del trabajo.
8). Evitar las jornadas maratonianas. Nosotros recomendamos tomarlo con calma, pues corremos el riesgo de acabar más cansados que cuando comenzamos las vacaciones.
9). Planificar las salidas, excursiones y viajes. Una manera de aprovechar el tiempo es organizarlo de antemano. Una cierta planificación de las jornadas nos facilitará optimizar mejor nuestro tiempo.
10). Aprovechar las vacaciones al máximo. Lo que no quiere decir hacer cuántas más cosas mejor, sino hacer una buena distribución de nuestro tiempo. La regla de los tres ochos también es aplicable durante las vacaciones: 8 horas para actividades, 8 horas para el descanso y 8 horas para el ocio y entretenimiento.
11). Buenos propósitos. El verano es un periodo de desconexión, en el que toman valor aspectos de nuestra vida que teníamos un poco olvidados como la vida familiar o el ocio. Si conseguimos marcarnos unas pautas sólidas, y concienciarnos de que con organización todo tiene cabida, nos puede servir de entrenamiento para hacerlo también durante el resto del año.

Reencuentro con los hijos
Las vacaciones tendrían que ser también un tiempo de reencuentro con nuestros hijos, tiempo de jugar, de compartir actividades, de escucharlos más y con mayor detenimiento, tiempo de dialogar y de no dejar cosas en el tintero porque el reloj apremia. Nuestros hijos nos necesitan siempre y no siempre estamos disponibles para ellos. Por eso, aprovechemos esta época del año para darles lo mejor que le podemos brindar, nuestro tiempo. Volvamos a ser niños o adolescentes con ellos, juguemos, charlemos, escuchemos música, eduquémoslos, divirtámonos juntos.
La vida no detiene su ritmo vertiginoso. Nuestros hijos no siempre estarán bajo nuestra ala, no siempre querrán compartir su tiempo libre con nosotros. Aprovechemos cada oportunidad que la vida nos da junto a ellos. Hagamos innumerables viajes a la orilla para llenar el cubo que facilitará la construcción del castillo de arena, leamos cuentos, barrenemos olas, caminemos, juguemos un juego de mesa o lo que sea que nuestro hijo quiera hacer junto a nosotros. Tal vez no siempre tengamos ganas, estamos cansados y queremos también un tiempo para nosotros, merecido por cierto, pero cuando se es padre, las prioridades de uno siempre ceden el paso a la de nuestros hijos. Mientras tanto, disfrutemos la dicha de tener a nuestros hijos junto a nosotros.
Si este merecido descanso lo aprovechamos para encontrarnos con nuestros hijos en una forma más profunda, sin duda serán las mejores vacaciones con o sin sol, con lluvia o sin ella, en la playa o en la cocina de casa ¿qué importa?
Tres últimos consejos
A título de resumen:
Aprovechar es lo contrario a dilapidar. Y el tiempo es el único bien que en verdad tenemos contado. Así pues aquilatemos ese tiempo adicional que las vacaciones nos regalan.
En primer lugar para disfrutar juntos. En familia. Con los amigos. Todos.
En segundo lugar encontremos tiempo para disfrutar de la intimidad. Con nuestro amor y con cada uno de los miembros de la familia. Procuremos esos momentos de soledad compartida.
En tercer lugar para encontrarse uno consigo mismo. Es, quizá, el encuentro más difícil, pues a menudo nos auto escondemos, por miedo o por pereza. Miedo a hacer un balance vital, a examinar la cuenta de resultados, a analizar los empeños perseguidos y perdidos. Pereza por descubrir los deseos profundos, los planes marchitos, el suspiro escondido en el fondo del alma.
Ya saben, contra pereza: diligencia. Arriba. En pie. Si físicamente las vacaciones deben servir para recobrar fuerzas a base de hacer ejercicios repetidos. Espiritualmente también. ¿Dónde encontrar la energía para empezar a realizar estos ejercicios? En la oración, en la meditación, en la contemplación, en la lectura de poesía. En la música. En el uso y disfrute del silencio y de la soledad. En la conversación íntima.
“No tengáis miedo”, este consejo divino, repetido por Jesús en muy diferentes ocasiones, y que el beato Juan Pablo II adoptó como lema, es preciso recordarlo y aplicarlo a nuestra vida cotidiana veraniega, a nuestro esfuerzo por renovar la energía interna. Una vez recargados, ¿quién nos podrá parar?

La muerte de Osama Bin Laden
Así no se construye la Justicia Mundial
Por Marciano Vidal

Cuando se me pidió que presentara una valoración moral sobre la muerte de Bin Laden (junto con la de un hijo y la de otras tres personas), la madrugada del 2 de mayo en Abbottabad (Pakistán), a manos de un comando de élite de la Armada de Estados Unidos me vino a la cabeza la idea de encajar mi reflexión en el esquema de discernimiento que utilizó muchas veces santo Tomás de Aquino para analizar las cuestiones teológicas. Ese esquema se construye en torno a una pregunta; en este caso: ¿Es la muerte de Bin Laden un asesinato de Estado? La primera aproximación es negar; en este caso: Parece que no es un asesinato de Estado, sino más bien: 1. Un acto de legítima defensa. 2. Un acto de justicia. 3. La prevención de males mayores. A continuación viene el cuerpo del discurso en el que se entra en el meollo de la cuestión y se afirma, en este caso: Lo cierto es que se trata de un asesinato de Estado. Para probarlo se acude, en primer término, a una cita incontrovertible: “Habéis oído que se dijo: ‘Ojo por ojo y diente por diente’. Pues yo os digo: no resistáis al mal” (Mt 5, 38-39). A continuación, el contenido de la cita es explicado y desarrollado mediante un razonamiento bien trabado, que justifica la verdad de la afirmación. El último paso del discernimiento es volver sobre las objeciones primeras y, a la luz de lo dicho en el cuerpo del discurso, hacer ver su incongruencia.
Dejo al lector que él mismo se proporcione el placer de construir en su mente todo el proceso discursivo insinuado. Yo le ofrezco, a continuación, los elementos básicos para realizar esa construcción ética: el núcleo moral de la cuestión con el que también se puede dar respuesta a las objeciones. Añado, al final, lo que considero de mayor interés: así no se construye la justicia mundial; ésta ha de ser edificada de otro modo.
1. Núcleo de la cuestión: un asesinato de Estado
No es mi intención echar cargas de responsabilidad sobre las espaldas de nadie. Sí considero que la responsabilidad, primariamente, recae sobre la Administración de los Estados Unidos. Pero, con idéntica claridad, sostengo que la misma y única responsabilidad es compartida por los Estados que han colaborado más o menos directamente (por ejemplo, en el traslado de presos a Guantánamo) o que han justificado más o menos explícitamente, a priori o a posteriori, la acción (pienso, entre otros sujetos, en los organismos de la ONU y en la Unión Europea).
Al querer catalogar moralmente el significado humano de la muerte infligida a Bin Laden no encuentro otra categoría que la de asesinato de Estado; también podría ser entendida como ejecución de un criminal sin las garantías a que tiene derecho. Otras expresiones pertenecen al ámbito de la retórica o del sentimiento: caza del criminal, linchamiento, ajuste de cuentas, etc.
Para afirmar que se trata de un asesinato de Estado me apoyo en las dos razones siguientes:
– El contexto en que se realiza la acción no es el de un conflicto armado, al menos en su sentido preciso. Quienes catalogan la muerte de Bin Laden como un acto de guerra: o entienden la guerra en un sentido muy amplio y entonces es imposible tener parámetros morales para discernir las acciones de los Estados o “inventan” una realidad bélica transformando los datos según sus propios intereses. Aún en esta hipótesis de contexto bélico –categorización que no me parece adecuada para la situación presente– el “enemigo” no puede ser abatido si no ofrece resistencia. Esto sigue siendo válido aun tratándose de un “enemigo público número uno”, como se verifica en el caso que analizamos.
– La muerte de Bin Laden ofrece signos suficientes para ser considerada como un acto de Estado. Su planificación, su ejecución y sus consecuencias ulteriores no pueden ser explicadas si no actúa la inteligencia y el poder de un Estado, en este caso, del Estado más poderoso del mundo para actuaciones como la que estamos tratando de ponderar moralmente.
Puesta la categorización de la muerte de Bin Laden como un asesinato de Estado no queda otra salida que valorarla como una acción inmoral. Ha sido en contra del valor básico de la vida humana y en contra de los derechos que garantizan a toda persona –también al criminal– las garantías de una justicia imparcial. Según resolución del Consejo de Seguridad de la ONU, después del 11-S, todos los Estados están obligados a llevar a los tribunales a los responsables de aquel crimen de magnitud sin precedentes en la historia humana. A Pakistán, a Estados Unidos y a cualquier otro Estado les correspondería –les corresponde– poner en manos de la justicia a los criminales. En este caso, una vez encontrado Bin Laden, debiera haber sido entregado a la justicia para un juicio justo.
La inmoralidad del presente asesinato de Estado queda agravada por dos circunstancias que, en sí mismas, suponen una vulneración de los derechos humanos, más la primera que la segunda. Me refiero:
– La primera: el haber utilizado la tortura –las llamadas “técnicas de interrogación coercitiva”– para obtener información acerca del paradero de Bin Laden. Además de suponer un “retroceso” a otras épocas de barbarie, la tortura es contraria a los derechos humanos y jamás puede ser justificada. Sirva como prueba de autoridad esta cita del Compendio de la doctrina social de la Iglesia: “En la realización de las averiguaciones [acerca de la responsabilidad penal] se debe observar escrupulosamente la regla que prohíbe la práctica de la tortura, aun en el caso de los crímenes más graves” (n. 404).
– La segunda agravante: el haber contravenido el principio de territorialidad, reconocido hoy por hoy a todo Estado. La Administración de Estados Unidos se ha comportado como “dueña territorial” más allá de sus propias fronteras. Anotemos aquí un mal endémico que acompaña a la normal actuación de la CIA.
Según el discernimiento precedente, la muerte de Bin Laden no puede ser categorizada ni como una acción bélica, ni como un acto de legítima defensa, ni como la ejecución de una justicia al no haber sido pronunciada por los órganos competentes, ni como una acción preventiva de males inminentes. Es, desde mi punto de vista, un asesinato de Estado con las dos agravantes dichas.
Sería bueno recordar aquí lo que dijo Juan Pablo II en el Mensaje para la celebración de la Jornada Mundial de la Paz del 1 de enero de 2002, mensaje que tenía una referencia implícita a la respuesta militar de Estados Unidos después del 11-S (respuesta de castigo sobre Afganistán, 2001). El Mensaje terminaba con esta afirmación-síntesis: “No hay paz sin justicia, no hay justicia sin perdón: esto es lo que quiero anunciar en este Mensaje a creyentes y no creyentes, a los hombres y mujeres de buena voluntad, que se preocupan por el bien común de la familia humana y por su futuro”.

2. Así no se construye la Justicia Mundial
Una de las grandes aportaciones de la Doctrinal Social de la Iglesia Católica, sobre todo en la fase reciente (desde la encíclica Pacem in terris de Juan XXIII pasando por la Centesimus annus de Juan Pablo II hasta llegar a Caritas in veritate de Benedicto XVI) es haber propuesto una escala nueva a la hora de pensar los problemas sociales: además de la escala estatal (de Estados) existe la escala mundial (la Comunidad de toda la familia humana). Hay una ciudadanía mundial; debe haber una autoridad mundial; hemos de construir una justicia mundial (con sus derechos y con sus obligaciones). Me refiero directamente a la justicia ética mundial, pero en la que necesariamente ha de ser incluida la justicia jurídica mundial.
La muerte de Bin Laden no ayuda a crear, positivamente, esa justicia mundial. Pero, a contrariis, nos puede servir para tomar mayor conciencia de que es preciso trabajar por ella. A este respecto, habría que pedirle a la gran Nación Americana que pondere:
– El excesivo margen de legalidad que el Congreso, tras el 11-S, otorgó al Presidente para intervenir militarmente (Ley de Autorización para utilizar la fuerza militar).
– La aceptación legal de determinadas formas de tortura.
– La conculcación sistemática del principio de territorialidad por parte de la CIA.
Desde el punto de vista positivo, son muchos los que estamos deseando un apoyo eficaz de los Estados Unidos (así como de otras grandes potencias mundiales) a favor del funcionamiento del Tribunal Penal Internacional.
