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Julio/Agosto de 2010
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Revista Icono abril 2010

* Los artículos destacados en negrita
están accesibles on-line.

 

1  Saludo editorial

2  Buenas noticias

4  Correo del lector

5  La mirilla de Icono

6  De la mano de María
     Ntra.Sra. de las Espigas
     Las manos de María y tus manos
     Perú: música y vino

12 Iglesia en camino
     Las murallas de Jericó
     El camino de Santiago
     Espiritualidad integradora
    

20 Tema del mes
     Solidaridad con Haiti

24 Familia Redentorista
     Cappelle Serotine
     Nuestros mayores
     Teología de una novena

30 En directo: la Familia
     
Bienvenidos al amor verdadero
     El hijo en la familia
     Mujeres separadas

34 Colaboraciones
     El bien y la belleza

     La Biblia en verso: Jonás

 

 

     


Solidaridad con Haití

por J. Torres


La grandeza de María

      Las noticias de la radio provocaron un shock a Ives Sima: La escuela de Saint Gérard, en la que daba clases su primo de 60 años en la capital de Haití, se había derrumbado en el gran terremoto del martes 14 de enero pasado. Sima, un profesor de biología de secundaria, pequeño y calvete, saltó a su bicicleta y pedaleó los nueve kilómetros que separan su casa del edificio en ruinas. Quería ofrecer la única herramienta que tenía: sus manos.

    Dicha escuela parroquial se había inaugurado con una gran fiesta, tras su remodelación y ampliación, el 13 de diciembre de 2009. Estaba construida en el Sureste de la ciudad, Carrefour-Feuille, una zona pobre de la capital, arrasada por el terremoto.

    Al llegar a la escuela, Sima encontró las 4 plantas del edificio aplastadas como un sandwich, convertidas en una montaña de escombros y polvo blanco. Durante todo el día, Sima y un puñado de voluntarios, con pequeñas sierras y entre cristales rotos, fueron el único equipo de rescate en la búsqueda de los 300 estudiantes y los 6 profesores que se encontraban en la escuela al ocurrir el seísmo. Tras horas de trabajo, no conseguían nada frente a losas de hormigón inmensas.

    Los no familiares se arremolinaban como una multitud de curiosos. Sima se volvió airadamente hacia ellos. “¡Venid a ayudarnos! ¡No habléis! ¡Hablar es gratis! ¡Ayudad!”. Una voluntaria se presentó en una furgoneta con un generador para la taladradora. Pero tanto esfuerzo no sirvió de mucho... o sí. 13 días después rescataron a una adolescente, Darlene Etienne, cuyas fotos dieron la vuelta al mundo. Se había quedado atrapada en la zona de los baños, en un hueco en que tenía acceso a agua.

    La escuela de Saint Gérard (nombre de un Santo redentorista del S. XVIII) fue levantada con el esfuerzo y la dedicación de los misioneros redentoristas haitianos, y ampliada en 2009 con las donaciones procedentes, precisamente, de España. Acogía a 1.500 alumnos por la mañana y 300 por la tarde.

    No han sido los Redentoristas la única institución misionera afectada. En Puerto Príncipe también se derrumbaron el colegio San Juan Bosco y la Obra de casas de acogida para chicos de la calle de los Salesianos. Se estima que murieron alrededor de 500 alumnos. Igualmente se hundieron el École St-Jean-l’Évangéliste (Sagrado Corazón), el Collège Marie-Anne (Hnas. de Ste. Anne), etc. Solamente la hora en que ocurrió el terremoto, las 5 de la tarde, plena hora punta de vuelta a casa, evitó una verdadera masacre.


Los Misioneros Redentoristas en Haití

   En la actualidad es variada la percepción que la sociedad tiene de la Iglesia Católica, pero es innegable la admiración y el respeto que levanta en nuestra sociedad la labor callada y sufrida de los misioneros católicos que dedican su vida a ayudar a los más necesitados en los países en que más auxilio precisan.

   Los Misioneros Redentoristas llevan a cabo su labor callada y vocacional especialmente en Sudamérica y África. En particular, en Haití llevan trabajando junto a sus secularmente olvidados habitantes desde 1925. En Puerto Príncipe tienen dos comunidades: Parroquia de St. Gérard, que atendía a 10.000 feligreses, y la de St. Clément. Fuera de la capital tienen otras  tres comunidades.

   Sobrevivieron milagrosamente al terremoto todos los misioneros, incluidos sus seminaristas. El adverbio “milagrosamente” parece correctamente aplicado, dado que su Superior, el P. Adonaie, al derrumbarse su edificio, se quedó en un hueco bajo una viga; dos misioneros que estaban en la escuela de St. Gérard, salieron un momento al coche a por una cámara de fotos, justo cuando ocurrió el seísmo; otros misioneros salieron a fumar a la azotea de un edificio cuando éste se vino abajo; y los seminaristas, que se encontraban en el Instituto de Teología, tras las clases, decidieron volver a su parroquia dando un paseo. Murieron los seminaristas de las otras instituciones religiosas, que se quedaron esperando el coche que los iba a llevar a casa (v. gr. Misioneros Oblatos o Montfortianos).

Icono  del Perpetuo Socorro


Su labor misionera en Haití


   Antes del terremoto, los Redentoristas servían a una comunidad de más de 100.000 personas en la capital de Haití; particularmente a familias pobres de la población de Carrefour-Feuilles.

   Además de su dedicación educativa, plasmada en la escuela parroquial de St. Gérard, su labor asistencial se completa con la gestión de clínicas en Chateau con campañas de alfabetización entre los adultos más desfavorecidos y la gestión de un orfanato en Leogane.

   El trabajo de los Redentoristas al servicio de la población más desfavorecida no se ha limitado a la labor educacional o asistencial de menores. Desde 2001, más de 1.800 estudiantes se han beneficiado de un plan de apoyo elaborado por Naciones Unidas, a través del Programa Mundial de Alimentos (PMA), y gestionado por estos misioneros. Sólo dicho Programa satisfacía las necesidades de cientos de madres y padres de familias pobres, ahorrándoles el gasto que supone alimentar a sus hijos. Este “comedor escolar” se encuadra dentro de los programas de las Naciones Unidas para cumplir sus Objetivos de Desarrollo del Milenio. Se aplicó en la escuela St. Gérard como proyecto piloto, antes de extenderse a otras escuelas de Puerto Príncipe. La demanda fue tan grande que, en la escuela antigua, había clases de 180 alumnos, cuando las aulas estaban previstas para 80.


Necesidades a corto y medio plazo


    Se estima que el diez por ciento de la población de Puerto Príncipe ha muerto en el terremoto (unas 200.000 personas). Más de 900.000 personas, el cincuenta por ciento de la población, se encuentra sin hogar. El nivel de daños y destrucción en las infraestructuras ha sido muy elevado. La población, a su vez, se siente abrumada y sobrepasada por los acontecimientos. Puerto Príncipe, de hecho, se ha convertido en un conjunto de improvisadas tiendas de plástico o lona a la intemperie. Las escuelas y las infraestructuras sanitarias han sufrido tal destrucción que va a ser una tarea ingente conseguir que los niños vuelvan a la escuela y obtener un servicio de salud que responda a las enormes necesidades de la población. La ONU considera necesarios más de 15.000 millones de dólares para poder superar esta situación sobrecogedora, de los que diferentes Estados se han comprometido a aportar algo más de la mitad: 9.000 millones de dólares.

   En la parroquia de St. Gérard, la coordinación de la distribución de alimentos en su comunidad absorbe, a día de hoy, una gran parte de la vida cotidiana de los misioneros Redentoristas, y así será durante un período considerable de tiempo. Conseguir agua y saneamientos en los  improvisados campamentos en los que vive tan alto porcentaje de la población, es urgente y será difícil prevenir la propagación de infecciones. Se estima que el desescombro, diseño y construcción de modelos de viviendas adecuadas para Haití requerirá un período mínimo entre dieciocho meses y dos años.

   Además, otra de las preocupaciones de los misioneros en Haití es la estación de lluvias, que comienza en mayo y que da lugar a huracanes, pues las tiendas que albergan a la población son absolutamente insuficientes para protegerlos. Su intención es adquirir y utilizar temporalmente viviendas prefabricadas, tanto para los propios Hermanos, como para 200 familias que habitan junto a ellos a la intemperie.

   A lo anterior cabe unir el apremio de solventar diariamente numerosas necesidades adicionales a las alimentarias para 1.200 personas, con exigencias urgentes de muy diferente tipo, que van desde la adquisición diaria de medicinas a material sanitario o higiénico.

   A medio plazo, tras el derrumbe de la Escuela de St. Gérard, el P. Adonaie pretende construir un nuevo centro, integrado por un centro juvenil de formación profesional, una clínica especializada en la asistencia sanitaria a personas con miembros amputados y otra clínica de asistencia médica general.  

   Se necesita cualquier ayuda que puedan obtener con el fin de apoyar todo este trabajo. Con los Redentoristas sirviendo en Haití desde 1925, conociendo a fondo las necesidades reales en su comunidad y con un compromiso incondicional a largo plazo, es posible resolver tales necesidades, con la confianza en que cualquier ayuda enviada desde aquí beneficiará directamente a las víctimas mas desamparadas por el terremoto.


ONG redentorista “Asociación para la Solidaridad”


   Los Misioneros redentoristas, en comparación con otras instituciones religiosas, no tienen mucha presencia en España, al no ser un territorio propio de misiones. Ello no obsta para que también plasmen su sello característico de humanidad y cercanía en su actividad pastoral en España. En Madrid tienen su sede central en la Parroquia del Perpetuo Socorro. Desde España, aunque otras organizaciones cercanas a la Congregación también están colaborando, se está coordinando el envío directo de dinero a sus Hermanos en Haití, a través de la ONG redentorista “Asociación para la solidaridad”, con sede en Madrid. Tengo la suerte de colaborar con ella y es una garantía de seriedad y de eficiencia en la gestión y financiación de proyectos de cooperación con Misiones redentoristas en el denominado tercer mundo.

   Para ello, baste mencionar algunas de sus normas de funcionamiento: cualquier disposición de fondos se hace por transferencia bancaria, para poder comprobar su destino. Los envíos de dinero para proyectos o de ayuda urgente (como es el caso) se hacen directamente a los misioneros, quienes gestionan y responden personalmente de los gastos que se hacen, sin intermediarios. Nadie que trabaje para dicha ONG cobra salario o cuantía alguna, de suerte que no se pierden fondos en su autogestión. Sólo envía dinero, intenta así fomentar la economía local, contratando bienes y servicios de la propia población a la que se sirve. La cuenta corriente de esta ONG es: 0049 5102 23 2616088070. Titular: Asociación para la Solidaridad.

   Creo que ayudar en esta tarea de reconstrucción es esencial para poder recuperar una población desamparada por un secular olvido de las naciones desarrolladas y devastada por un seísmo que ha socavado familias, viviendas y el medio de vida de cientos de miles de personas. Para ello, actuaciones misioneras como las expuestas en el presente artículo son esenciales. Como ha declarado la Organización de las Naciones Unidas, “la educación es el núcleo de la recuperación de Haití y es la clave para el desarrollo de Haití”.

 

 

 

 

El hijo en la familia

Por P. Hernán

 

Icono-Paternidad

 

    Es curioso. Actualmente, el hecho de la paternidad/maternidad (si se desea tener hijos o no y en qué momento) se ha convertido en un acto voluntario, fruto de la libertad individual. Sin embargo, no ocurre lo mismo con el hecho de la filiación (el ser hijo o no). No podemos evitar haber nacido hijos, absolutamente dependientes de dos personas (un padre y una madre), por cuya mediación hemos tenido un primer conocimiento del mundo al que hemos nacido.

   Por tanto, el núcleo principal donde comenzamos a desarrollarnos es, primariamente, el círculo intrafamiliar (padre – madre – hijo), que comprende las relaciones entre tres individuos recíprocamente enlazados, lo que implica que permanezcan juntos durante un lapso suficientemente extenso de tiempo, estableciendo un vínculo tan estrecho como para que los padres sean absolutamente influyentes en la formación del hijo.


¿Cambian los roles?


    Cuando nace un niño nacen en realidad tres personas: un padre, una madre y un hijo. Hasta este momento, la pareja funcionaba como una díada, pero ahora debe ampliar la estructura, de manera que el nuevo ser tenga su propio espacio. La mujer, ahora convertida en algo nuevo (una madre), puede sentir como un peso la satisfacción de las necesidades del hijo, notando que ha desaparecido su rol como mujer; la intensidad del trabajo, la falta de tiempo para ella misma y para el descanso contribuyen a este sentimiento de pesar.

   El hombre, convertido ahora en padre, puede experimentar un sentimiento de segregación y abandono, debido a la íntima relación de la madre con el hijo, barruntando que él solo va a recibir lo que sobra de la atención y el cariño que la madre proporciona al hijo.

   Para que el sentimiento de abandono del padre y de agotamiento de la madre no se conviertan en factores generadores de tensión para la nueva familia, es necesario que sean expresados y que se haga un análisis comprensivo de la situación, en el que cada uno manifieste sus sentimientos e inquietudes. Los padres han de lograr la conservación de un espacio de disfrute para los dos, lo que contribuirá a su crecimiento como pareja.

   Con el nacimiento del hijo se crea también cierto conflicto en los sistemas familiares de origen de ambos padres, que pueden influir en las pautas de educación que se empiezan a determinar para el hijo; en algunos casos, los puntos de vista de las dos familias pueden ser antagónicos, dado que en ellos está presente la historia de la pareja y de las familias que han constituido.

   Todos nosotros, como hijos, hemos tenido que ir desarrollando la conciencia de ser nosotros mismos (nuestra autoconciencia) a través de un entorno social que cada vez se iba volviendo más amplio, comenzando por nuestra madre (o figura principal de apego) y siguiendo por el padre y otras figuras cercanas. Tras superar los dos o tres años de vida, tuvimos que aprender a desarrollar la autonomía para la toma de decisiones básicas y la realización de tareas gracias al ensayo de nuestras nuevas capacidades evolutivas, con el componente afectivo y emocional (expresado en actitudes como el elogio) que nos proporcionaron nuestros padres, y que contribuyeron a fomentar actitudes de confianza y capacidad.

   En etapas posteriores de nuestro desarrollo, aparecieron paulatinamente figuras distintas a las familiares como parte de nuestro proceso de integración en la sociedad, que influyeron en nosotros: maestros y maestras en el colegio, educadores, acompañantes…  

Icono, revista religiosa y redentorista


Nuevos modelos sociales


    Debemos ser conscientes de que la familia es el mejor lugar para que el niño se sienta querido. Los apegos que, siendo niños, hemos desarrollado con nuestros padres y hermanos generalmente durarán toda la vida y van a servir como modelos para relacionarnos con los compañeros de colegio, los profesores y otras personas con las que se entra en contacto a lo largo del desarrollo personal. También dentro de la familia el ser humano experimenta sus primeros conflictos sociales. El tipo de disciplina que ejercen los padres, sus relaciones interpersonales, las discusiones familiares entre hermanos, etc. proporcionarán al niño importantes lecciones de conformidad, de cooperación, de competencia y de oportunidades para aprender cómo influir en la conducta de los demás.

   Pero de unos años a esta parte ha aparecido un nuevo factor de socialización: los medios de comunicación audiovisuales: televisión y ordenadores personales. Nos encontramos en un momento de cambio de modelos sociales. No es que sea perjudicial esta aparición de nuevos modelos, pero los nuevos padres deberán enfrentarse a una problemática que los más antiguos no tuvieron: que los hijos lleguen a distinguir la ficción de la realidad. Un niño mira la pantalla totalmente embelesado: los cambios cromáticos, la magia de la imagen le dificultan distinguir entre realidad y fantasía (cosa que no pasaba cuando nos leían cuentos infantiles). Esto no es un obstáculo para que aprenda, pero sí un obstáculo para la formación de su pensamiento personal autónomo. Pedagógicamente hablando, lo más negativo frente a la pantalla es la pasividad (dejar al niño frente al televisor para que se mantenga entretenido) y la actitud imitativa (repetir las actitudes y los gestos que se han visto en la TV). Así que los nuevos padres deberán ser conscientes de esta nueva realidad y, del mismo modo que tienen que orientar a sus hijos en la formación de hábitos de comida, higiene, comportamiento… deberán educar también en los nuevos hábitos críticos respecto a los modelos audiovisuales.