La crisis no es excusa

         

 

En septiembre del año 2000 se celebró en Nueva York la “Cumbre del Milenio”, en la que participaron los Jefes de Estado y de Gobierno de los países miembros de la Organización de Naciones Unidas y de la que resultó una Declaración aprobada por la Asamblea General: la “Declaración del Milenio”, que supone una reflexión sobre la propia Organización y el mundo ante los retos del nuevo milenio.

 

Avance desigual

Además de las habituales afirmaciones sobre los valores y principios ya presentes en la Carta de las Naciones Unidas (la libertad, la igualdad, la solidaridad, la tolerancia…) y manifestar renovados propósitos sobre la paz y el desarme, y la lucha contra el terrorismo, se fijaron metas concretas y medibles sobre la lucha contra la pobreza económica, la educación, las enfermedades y la sostenibilidad ambiental: reducir a la mitad la pobreza extrema y el hambre; reducir la mortalidad de los niños menores de cinco años y la mortalidad de las madres; detener y reducir la propagación del VIH/SIDA, el paludismo y otras enfermedades graves; garantizar la sostenibilidad del medio ambiente, etc.

Como es costumbre en el caso de grandes Conferencias Internacionales de este tipo, se realizó en 2005 una Reunión Plenaria de Alto Nivel, conocida como la Cumbre de Reforma de las Naciones Unidas, y otra en septiembre del presente año, para evaluar el cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM). Hasta el momento puede decirse que se ha avanzado hacia el cumplimiento de estos objetivos, aunque de forma desigual. No obstante, las tormentas financieras de los últimos días, los graves indicadores de crisis mundial y el aumento del precio de los alimentos suponen una grave amenaza para la consecución de estos objetivos e incluso podría suponer un retroceso con relación a la situación inicial.

 

La voz de Cáritas

Uno de los seis representantes de las organizaciones voluntarias internacionales, invi-tadas por el Secretario General de Naciones Unidas en esta última Reunión Plenaria, fue el Presidente de Cáritas Internacional, el cardenal hondureño Óscar Rodríguez Maradiaga, quien, en su intervención del pasado 25 de septiembre dio testimonio del sufrimiento de pueblos, como el suyo, en los que persisten situaciones de extrema pobreza. Aludió a las recientes catástrofes naturales derivadas del cambio climático que, pese a ser un problema mundial que afecta a todos, los pobres lo sufren de manera desproporcionada, mucho más que los ricos, subrayando la paradoja de que ellos son los menos responsables de esa contaminación que provoca el calentamiento mundial.

Con valentía denunció las graves consecuencias de la avaricia de los hombres: Somos testigos de la construcción de un mundo en el que la avaricia de pocos está dejando a la mayoría al margen de la historia. Y pidió a los dirigentes de los países del mundo presentes en la Conferencia un esfuerzo de imaginación: Tenemos que imaginarnos un mundo en el que las muertes innecesarias de casi 10 millones de niños al año sean una abominación intolerable.

Ésta es también la voz de la Iglesia que nos recuerda que, por amor, o incluso por pura necesidad, tenemos que trastocar nuestro planteamiento vital: imagínate que el que está allí sufriendo sí le importa a tu corazón y a tu bolsillo. Asimismo, nos recuerda que no podemos vivir en esta desenfrenada carrera por acumular más y más objetos cuando hay millones de personas que malviven en la desesperación de no poder conseguir para ellos o para sus hijos ni siquiera lo imprescindible para alimentarse, aprender a leer o tener un techo digno bajo el que cobijarse. A pesar de la crisis y del pesimismo que nos rodea, no podemos ahora dejar de hacer esfuerzos, sino redoblarlos para, a nuestro nivel, intentar aliviar tanta injusticia y tanto dolor.

P. Vila