El mundo envejece

 

         

La vejez no es ni un periodo detestable ni tampoco sublime; como todas las etapas de la vida, tiene sus problemas y tristezas, pero también sus posibilidades de alegría y realización (Caro, J. S. y Ramos, F. “La vejez y sus mitos”).

Al comenzar ponemos de relieve algunos aspectos cuantitativos que nos ayudarán a centrar la reflexión. En nuestro país la población de personas de 65 y más años es de 7.276.000 aproximadamente, lo que supone un 17% del total. España ocupa el sexto lugar en el mundo en los años de esperanza de vida de los hombres, precedido de Japón, Canadá, Australia, Noruega e Italia. Pero en el caso de las mujeres es el segundo, precedido sólo de Japón y seguido por Francia e Italia. Está envejeciendo la población ya envejecida: el número de octogenarios es el que más ha crecido; en nuestro país la cifra actual es de 1.756.844, y el de centenarios de 4.218.

El envejecimiento hoy está teniendo lugar a lo largo y ancho del mundo, lo que sin duda constituye una novedad, pues hace unas décadas sólo envejecían los países desarrollados. En la actualidad los países en desarrollo están envejeciendo progresivamente, carentes de los mínimos recursos de subsistencia para afrontar una situación que empieza a desbordar. En el conjunto de la geografía mundial hay 419.000.000 de personas mayores. Madrid, junto a Cataluña y Andalucía, son las Comunidades Autónomas con mayor número de personas de edad. En las grandes áreas urbanas es donde hay mayor concentración de mayores; el 70,9% de los 7.276.000 mayores residen en municipios urbanos.

 

Calidad de vida en la vejez

El actual envejecimiento y sobreenvejecimiento de la población ha llevado a las sociedades occidentales a plantearse nuevas estrategias con el propósito de mejorar la calidad de vida de este grupo de edad. A modo de apunte recordamos que el Plan de Acción Internacional sobre Envejecimiento de Naciones Unidas de 1982 definía los derechos de las personas mayores, y se formularon los principios sobre dignidad, cuidados, autorrealización, independencia y participación.

Por su parte, la Cumbre de Desarrollo Social de Naciones Unidas de 1995 proponía, como objetivo prioritario de las políticas públicas nacionales e internacionales, mejorar las posibilidades de los mayores para lograr una vida mejor, lo que supuso un gran avance al tratar el tema de las persona mayores no como un asunto de “compasión particular”, sino como un objetivo de interés público.

Nuestra Constitución, en su artículo 50, exhorta a los poderes públicos a que protejan a la población de mayor edad, estableciendo la garantía de una suficiencia económica para los ciudadanos mayores y su bienestar social a través de unos servicios públicos específicos. Desde idéntica filosofía se elaboran los Planes Gerontológico Nacionales y Regionales, y se promueven desde los Municipios los Planes de Mayores.
Recientemente el Tratado por el que se aprueba una Constitución para Europa establece en sus artículos 1-3 la solidaridad entre las generaciones como uno de los objetivos de la Unión que se plasma en el reconocimiento del derecho de las personas mayores a llevar una vida digna e independiente, y a participar en la vida social y cultural (Art. II. 8-5).

 

Nuevos retos y nuevos enfoques

Estas líneas programáticas han de consolidarse en políticas sectoriales que garanticen una integral calidad de vida para el grupo social que nos ocupa. Este aumento de personas mayores pone también de manifiesto la democratización de la vejez, es decir, la vejez al alcance de la mayoría de los ciudadanos, lo que evidencia los avances de la sociedad y plantea nuevos retos.

De la capacidad individual y colectiva para afrontar la vejez dependerá que la prolongación de los años de vida resulte auténticamente deseable y, por tanto, valorada como un logro y una etapa llena de sentido. Ante esta realidad se necesitan enfoques nuevos que permitan comprender el envejecimiento como el resultado de cambios inscritos en contextos cambiantes y a la vez generador de cambios.

El envejecimiento de la población es perceptible, y sobre el que racionalmente no cabe duda, pero los cambios que está comportando no están aún incorporados colectivamente en nuestro modo de comprender el funcionamiento de la vida cotidiana. En sucesivas entregas iremos desmenuzando aspectos complementarios de este nuevo fenómeno social que se merece nuestra consideración y la atención de los poderes públicos.

R. E. M.