Cultivar el amor en el matrimonio

 

         

Dice un proverbio chino que el amor es como la luna: si no crece, mengua.

Hoy estamos viviendo tiempos difíciles para el amor en general y, sobre todo, en el matrimonio. Las estadísticas dan números impresionantes sobre la cantidad de separaciones y divorcios en España. Además, no hay edad para ello; lo mismo se separan los recién casados, que los que llevan un tiempo de diez o doce años, o los que llevan casi toda una vida compartiendo su unión.

¿Qué está  pasando? ¿Hemos perdido la capacidad de amar de forma exclusiva? ¿No somos capaces de luchar por ese amor que un día casi de forma misteriosa apareció en nosotros? ¿Dedicamos tiempo a cultivar nuestro amor para que cada día sea más fuerte y se consolide más? ¿No será que no estamos preparados para compartir la vida, para renunciar a parte de nuestras ilusiones en beneficio de un proyecto en común?

 

Unas observaciones

Cuando hablamos sobre este tema con amigos o compañeros de trabajo, todos tenemos la misma idea: las separaciones hacen daño tanto a los cónyuges como a los hijos, si los hay.

Un poco antes de Navidad, en un periódico local apareció la noticia de que en vacaciones es cuando más parejas se separan. Esto parece un poco contradictorio, pues justamente cuando hay más tiempo para descansar, para compartir más la vida, para dedicarse más a vivir el proyecto de matrimonio, muchos no son capaces de aprovechar ese periodo vacacional y enriquecer la relación de amor que debe ser la base de todo matrimonio.

Nuestra experiencia de trabajo con matrimonios en dificultad, como voluntarios en un Centro de Orientación Familiar, nos lleva a unas cuantas conclusiones acerca del porqué están ocurriendo tantos fracasos matrimoniales.

En primer lugar, creemos que muchas parejas, cuando dan el paso de formar matrimonio, no tienen la madurez suficiente para ello; tal vez su amor tampoco está maduro y no están dispuestos a dar sin esperar nada a cambio. Esa madurez es fruto del tipo de vida a la que están acostumbrados nuestros jóvenes; muchos no son capaces de hacer frente a ninguna adversidad y no aguantan ningún contratiempo.

En segundo lugar, creemos que muchas parejas antes de dar el paso definitivo de unir sus vidas, no tienen un proyecto de vida conyugal. Esto es importante porque la pareja debe tener claro cómo van a organizar su vida en común, su tiempo, sus relaciones con los demás, cómo van a vivir su fe si la tienen, cómo van a organizar sus bienes, el cuidado de la casa, cómo van a vivir su tiempo libre…

Desde que la mujer ha entrado en el mundo laboral, tanto como el hombre, la vida del matrimonio ha cambiado mucho y esto hay que tenerlo muy claro, pues la colaboración por parte de ambos en las tareas domésticas, en el cuidado de los hijos y ser conscientes de que deben saber “morir” a muchos caprichos personales en beneficio de la familia son imprescindibles para el buen funcionamiento de la misma.

Por último, creemos que ambos cónyuges inmersos en múltiples tareas laborales, domésticas y relacionales, bien con amigos o con las familias de ambos, no dedican el tiempo suficiente a ellos mismos, se olvida la comunicación, el diálogo, y se cae en la rutina más destructora de la pareja. Por lo tanto, es muy positivo y necesario que el matrimonio dedique un tiempo a ellos, donde en un ambiente tranquilo puedan hablar de sus cosas, de todo lo que comparten, de cómo va su vida. Aprender a comunicarnos es saber escuchar al otro, poniéndonos siempre en su lugar y estando atentos a todo lo que nos quiere decir. Si escuchamos así, nuestra respuesta será la acertada, la que puede ayudarle a salir de la situación en la que se encuentra. Con un buen diálogo cualquier problema en el matrimonio se trata con calma, reconociendo cada uno la parte de culpa que tiene en él y pidiendo perdón si es necesario. No olvidemos que las cosas se empiezan a arreglar cuando uno de los dos pide perdón, pues éste es la expresión máxima del amor.

 

En el día a día

En el encuentro de Laicos Redentoristas del pasado verano, alguien comentó que cada día, cuando el matrimonio se despertaba, debía saludarse diciéndose ambos: “Cariño, te quiero”. Puede parecer pedante o tonto, pero si lo hacemos, estamos empezando el día viendo nuestro matrimonio de forma positiva, ya que las pequeñas cosas agradables que nos ocurren en la vida cotidiana tienen una marcada influencia sobre nuestras emociones, actitudes y conductas.

Es positivo también aprender a pasar un filtro a las situaciones diarias dejando sólo pasar lo bueno y lo bello,  tratando de arreglar lo negativo con diálogo, cariño y alguna que otra pequeña corrección.

Empezábamos el comentario diciendo que el amor, si no crece, mengua. Ahora terminamos proponiendo lo siguiente: Si no olvidamos que Dios es amor y que nos amó tanto que dio su vida por nosotros, será fácil, asumiendo esta verdad, luchar y dar amor cada día y en cada momento por el bien nuestro y de la familia que cada uno forma.

El amor es la única realidad que cuanto más se da, más se multiplica.

Ana y Antonio