Justicia y solidaridad

 

         

En Extremadura hemos vivido muy de cerca un conflicto que, por una parte, no es nuevo y, por otra, se volverá a repetir inevitablemente en años venideros. Me refiero a los asentamientos de trabajadores temporeros, en su mayoría rumanos, en la zona de Tierra de Barros, al sur de nuestra región.

El fenómeno inmigratorio ha cobrado unas dimensiones extraordinarias y ello ha provocado mayores conflictos sociales con la población extremeña de la zona. Como siempre, los perdedores son los inmigrantes. Aunque esto pasa “desde que el mundo es mundo”, yo me resisto a admitir que tenga que ser siempre así. No nos podemos callar y convivir con la injusticia tan descaradamente.

Tenemos que hacer algo ¡ya!
 

Temporeros en trabajos duros

Extremadura es una región eminentemente agrícola y ganadera. Sobre todo en el sur se produce mucho vino y aceite; por cierto, de excelente calidad. La recogida de estos productos requiere mucha mano de obra y es una tarea dura, como casi todas las del campo. Son productos de temporada que se tienen que recoger en un plazo relativamente corto para que no se estropeen. Sucede que los españoles ya no queremos hacer esos trabajos tan duros, entre otras causas porque podemos ganar el mismo dinero, o más, cobrando el subsidio de desempleo. Además, no nos hace tanta falta como para tener que agacharnos en esas tareas.

El hecho es que son temporeros extranjeros los que están viniendo a la recogida de esos productos. En otras zonas de España son los magrebíes, latinos, etc. Aquí, últimamente, son los rumanos los que están llegando por centenares. Por cierto, son excelentes trabajadores y cumplidores. Lo dicen los mismos patronos. Y para que lo diga un empresario, ¡tienen que ser buenos de verdad! Es cierto que vienen sin muchos papeles, y la mayoría sin contrato. También es real que los patronos no son, para nada, “hermanitas de la caridad”. Si los emplean es porque son necesarios y rentables, no porque “les den pena”. Y vaya que si les son rentables, sobre todo las mujeres y los niños, a los que pagan menos.

Lo cierto es que los temporeros son hoy absolutamente necesarios para nuestra agricultura. Y las leyes son también absolutamente claras en cuando a la exigencia de legalidad. Sin embargo la situación se viene tolerando desde hace años y esto se está volviendo insostenible. El conflicto realmente está entre los agricultores y los legisladores. Ha habido negociaciones entre las diversas administraciones y los empresarios del campo. Las primeras, al final, han ido cediendo en favor de los segundos. Por otra parte, los inmigrantes necesitan trabajar; para ello han salido de su país. Y trabajan tanto o más que los españoles que fuimos a Alemania, Francia, Cataluña, País Vasco… Ellos lo necesitan y no están precisamente en condiciones de exigir nada, ni siquiera dignidad. Esto es lo más triste del asunto.
 

Asentamientos o campamentos

A finales de julio, próxima ya la campaña de recogida de la uva, se fue formando en Santa Marta de los Barros un asentamiento de más de 2.000 rumanos. Sí, 2.000 personas, en el campo, sin infraestructura alguna, entre la tierra y el cielo, con tiendas de campaña, en chabolas o en furgonetas con cuatro trastos viejos... Este asentamiento era el más grande, pero también había campamentos en Villalba de los Barros, Almendralejo, Fuente del Maestre... Por cierto, una gran tormenta, a finales de octubre les llevó por delante lo poco que tenían los asentados en Villalba, que, gracias a Dios, no sufrieron desgracias personales y fueron realojados en el polideportivo del pueblo hasta que se marcharon a otro lugar.

 

Así se han ido pasando los meses de la campaña, entre la vista gorda y la tolerancia por conveniencia, pero no sin conflictos y tensiones con la población de esos pueblos. Es inevitable el conflicto social cuando se vive en la calle sin unas mínimas condiciones higiénicas, de alimentación y de habitabilidad. Ha habido algunos robos y peleas entre ellos y en diversas poblaciones de la zona. Nada importante, por otro lado. Pero la alarma social se ha disparado.

Al terminar la campaña, de nuevo los medios de comunicación se hicieron eco de su marcha. Así rezan algunos titulares de un periódico local de Mérida: “Mas de 1.000 rumanos han sido desalojados ya del asentamiento de Santa Marta. No ha habido que recurrir a la fuerza; han recogido o quemado sus pertenencias y se han ido pacíficamente”. “Dejan el terreno como si fuera un basurero”, dice el dueño de los terrenos donde han acampado (periódico HOY, 8 de noviembre de 2007). “La marcha de los rumanos evidencia la miseria en la que han vivido” (periódico HOY, 12 de noviembre de 2007). Yo me pregunto: ¿Qué van a hacer con la basura si nadie se ha dignado ponerles unos contenedores para que la echen? ¿Se la van a comer o llevar a Rumanía? ¿Cómo no van a oler mal si no han tenido agua corriente para lavarse?

Soñando un poco con un mundo mejor, qué justo (no digo ni siquiera hermoso) hubiera sido encontrarse titulares como éstos: “Gracias, amigos, por vuestro trabajo y por la riqueza que habéis dejado en nuestra tierra” (Junta de alcaldes de los pueblos donde han estado asentados). “Volved, que os necesitamos. Que Dios os bendiga a vosotros y a vuestros hijos” (Junta de Extremadura). “Ahí dejáis vuestra casa. Os prometemos que el año que viene, cuando volváis, tendremos agua potable para vosotros...” (Comité de empresarios del campo). “Amigos, os prometemos que con el 0’07 por ciento de la riqueza que nos habéis dejado con vuestro trabajo vamos a construir un albergue para que podáis venir a trabajar las temporadas que hagan falta...” (Delegación del Gobierno).
Pero esto es soñar demasiado. Estos titulares no han salido jamás en ningún periódico, aunque no por ello deja de ser verdad lo que dicen...

No obstante, es posible que el año que viene sea todo lo mismo. Vendrán, se protestará por su presencia, se tolerará su ilegalidad, nos aprovecharemos de su trabajo, discutirán las administraciones sobre cómo abordar el fenómeno migratorio, ganarán los empresarios, perderán los rumanos y nos alegraremos de que se vayan (hasta el año próximo, que los volveremos a necesitar). Esto viene sucediendo desde hace años, y va en aumento.

Y es que siempre pierden los mismos, ganan los mismos, discuten los mismos y observamos atónitos los mismos. ¿Habrá justicia y solidaridad algún día?

Manolo Matute, CSsR