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La fe y la tecnología |
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Muchas veces me asquea el cariz que están tomando las cosas con respecto a la tecnología, aun viviendo de ella por mi trabajo. Se supone que sólo es una herramienta, debe serlo… Sin embargo, da la sensación de que últimamente se la considera más como un fin que como un medio. Ponemos chips por todos los lados, móviles con cámara, radio y demás (cosa, en mi opinión, bastante absurda)Se piensa que hay que estar a la última en temas de tecnología o no eres nadie. Se está intentando sustituir con la tecnología el vacío que queda tras el abandono de la fe, pero es evidente que así no se va a llenar nunca. Siempre estaremos buscando el último móvil, la última cámara digital, la última pijadita que ponerle al ordenador… Es una huida peculiar… ¿Se debe a falta de ética? Más bien es una búsqueda de algo con lo que llenar el vacío de la fe que se va perdiendo. Ahora se busca, cada vez más, la redención digital. Todo lo digital es bueno, mientras que lo no digital es anticuado y obsoleto. Lamentable.
Al servicio de la vidaEl hombre ha abandonado lo sagrado que tiene la vida y ahora se encuentra con el problema de rellenar ese hueco con algo trascendental, pero no lo consigue. A pesar de ello, y porque lo necesita, busca modos y artilugios para tratar de llenar un hueco que nunca se llena.
La tecnología puede (y debe) servir como instrumento para llevarnos a un mundo mejor. Pero no hemos de confundirnos ni verla como un nuevo dios. Es útil para facilitar el desarrollo diario, la comunicación y para otros muchos aspectos. A eso me refiero cuando digo que nos ha de servir para hacer un mundo mejor. Ciertamente nos debe facilitar la vida. Pero hacer payasadas tecnológicas e híbridos insípidos no conduce esencialmente a nada. Son sólo juguetes para el engorde económico del que tuvo la brillante idea. Como me dijo un compañero, se trata de abrir nuevos mercados, nuevas necesidades. Cierto, no hace falta un móvil con cámara, pero se puede conseguir que la gente crea que le hace falta. Y ahí está el problema. La cosa es que nos acostumbramos a estos apegos y adicciones tecnológicas, y luego es complicadísimo pensar en la posibilidad de no llevar la tecnología colgando siempre. Es una forma de esclavitud. Y resulta irónico: nos creemos más libres que nunca y somos más esclavos. Para colmo, somos esclavos de trastos. Creo que fue Séneca el que dijo: “Mayor soy y para mayores cosas nací que para ser esclavo de mi cuerpo”. Pienso que esta cita sería trasladable a la tecnología. A veces envidio formas de vivir como la de los Cartujos, que no necesitan esas comodidades para sus vidas.
El filtro moralNos engañemos. La tecnología en sí misma no tiene ningún valor moral, es neutra. Son sus usos los que pueden ser buenos o malos, positivos o negativos. Por ejemplo, la genética no es ni buena ni mala en sí misma. Sin embargo tiene usos morales, como la detección y el tratamiento de enfermedades, y usos inmorales, como la clonación humana. También veo completamente inmoral el afán de “vender”. Es decir, vender lo que sea, como sea. ¿Que invento un frigorífico con antena parabólica y conexión para obtener la temperatura de Siberia e igualarla? Pues hay que venderlo. Es una tontería, pero hay que venderlo, y siempre habrá alguien que lo compre. Eso, a mi entender, es el verdadero problema. Hay quien se quiere aprovechar y quien deja que se aprovechen, porque falta una educación correcta sobre la libertad y la esclavitud. Y la raíz del problema está en la divinización del progreso, sea del orden que sea. Como da a entender un anuncio que he visto hace no mucho, “todo lo nuevo es bueno”. ¡Ojo con la publicidad!.
La divinización de la economía y la divinización del progreso son dos
problemas que van de la mano. De hecho, creo que es mayor problema la
divinización del progreso que la de la economía, por una razón: al ciudadano
de a pie no le intentan “endosar” nuevas maravillas tecnológicas haciéndole
creer que va a ser positivo para su economía, sino haciéndole creer que va a
ser positivo para él como persona. Se ha llegado a un punto en el que ya no
se piensa en la economía, sino en que el producto hace falta porque sin él
ya no eres, digamos, tan persona como antes: no eres moderno, no vives en el
mundo actual, te quedas desfasado. Por ejemplo, se quiere hacer creer que
quien no sepa utilizar Internet se convierte en analfabeto, y no es
correcto. Internet no es más que una herramienta. Sería como decir que el
que no sabe utilizar un martillo es un analfabeto. Esto resultaría extraño y
cómico decirlo públicamente, pero no si dices que el que no sabe usar un
ordenador es un analfabeto.
Jorge Sáez Criado |
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