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Cifras exactas, ¿medias verdades? |
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El 25 de octubre pasado un diario titulaba así un artículo: “A más inmigrantes, ¿más delitos?”. Se trataba de una crónica, en la que se intentaba reflejar lo dicho el día anterior por el Fiscal Jefe de Madrid. En una parte de su discurso, el Fiscal nos hizo entrar sin morbo, con la frialdad de los números, en la “cámara de los horrores” de la delincuencia de 2006. Con datos mostró la fuerte conexión entre delincuencia e inmigración, especialmente en algunos tipos de delitos, como los referidos a la delincuencia juvenil y la de género.
Las cifras Datos sobre la población reclusa de toda España: En números absolutos, casi la tercera parte de los presos, el 32%, son extranjeros, cuando éstos representan un tanto por ciento muy inferior de la población total de España. El porcentaje de presos extranjeros en 2006 también fue desmesurado respecto al de españoles: mientras aquéllos subieron un 9,4%, los españoles experimentaron un incremento del 2,2%.
Ciñéndonos a Madrid, los
datos aparecen así:
¿Callar o decir las cifras?
Un sector más bien de partidos de izquierda, personas de Iglesia, algunas ONG… defienden el silencio sobre los delitos atribuidos a inmigrantes. Su intención es estupenda: eliminar cuanto pueda favorecer la estigmatización de los inmigrantes, el rechazo del extranjero. Dentro de esta línea de pensamiento se ha tildado la actuación del Fiscal de “políticamente incorrecta” y, con menor finura, se le ha equiparado a un elefante entrando en una cacharrería. Otros son partidarios de la transparencia; “no podemos desconocer la realidad objetiva”, decía el Fiscal. Para esquivar las actitudes xenófobas, racistas, no hemos de caer en el fariseísmo de la ocultación de hechos poco agradables. Esto es propio de un pueblo poco maduro, de gente poco coherente con la libertad de información, dogma de la democracia; tenemos derecho a conocer lo que pasa. El riesgo de que pueda haber actos violentos y discriminaciones por parte de algunos no justifica el ocultamiento. Evidentemente, muchos de cuantos así piensan no caen en la injusta identificación de inmigrante y delincuente, ni mantienen actitudes xenófobas o excluyentes.
¿Un buen abogado junto al Fiscal? Al leer las frías cifras del Fiscal suavizadas algo con las matizaciones añadidas por él mismo, eché en falta un pintor más decidido de luces. En el mismo acto debía haber discurseado un buen abogado trazando el elogio de tantísimos inmigrantes, señalando su ingente aportación a la economía española, materia en la que no es fácil dar cifras exactas como en los delitos. Gracias a los extranjeros, miles de personas mayores están mejor acompañadas. Gracias a los inmigrantes, numerosas familias españolas se liberan de múltiples agobios. Gracias a los inmigrantes, se ven cubiertos miles de puestos de trabajo, importantes para el bienestar de tantos españoles. La letanía elogiosa de los inmigrantes se podría alargar indefinidamente.
Las cifras son un esqueleto
Las estadísticas, aun siendo exactas, no bastan para reflejar la realidad. Detrás de las cifras de delitos cometidos por inmigrantes, sin querer justificarlos, hay frecuentes desajustes y sufrimientos. Las condiciones más precarias de empleo y vivienda, las dificultades para gozar de una buena alimentación y de vestirse convenientemente, la separación de la familia y otros problemas no pueden servir de coartada para conductas delictivas, pero ayudan a explicarlas en parte. La entrada incontrolada de extranjeros puede aumentar los casos de marginalidad de muchos inmigrantes, situaciones penosas alimentadas, a veces, por empresarios españoles sin escrúpulo. No raramente los inmigrantes son víctimas de las mafias, en cuyo seno es destacada la presencia de extranjeros. Todas las explicaciones que se puedan dar y todos los atenuantes que se puedan señalar, tienen un valor muy relativo en la opinión de no pocos. Y es que los delitos, sobre todo, si van acompañados de elementos de especial inhumanidad, de crueldad, llaman con fuerza a la imaginación y pueden contribuir más a crear estereotipos injustificados excluyentes. La sensatez humana y el sentido cristiano son dos valiosos antídotos en esta materia tan sensible.
F. Javier Elizari |
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